Las guerras 2.0

Julián Andrade.-

En una reunión con la comunidad de inteligencia que comanda Avril Haines, el presidente Joe Biden advirtió sobre la guerra que se desarrolla desde las pantallas de las computadoras pero que, tarde o temprano, puede derivar en combates convencionales.

Biden eligió el escenario y su audiencia para dar el mensaje, para dejar claro que ello ya es parte de su agenda.

Lo que ocurre en el ciberespacio es de la más alta relevancia para los Estados Unidos y sobre todo por las actividades que se realizan desde Rusia y China, para influir en diversos aspectos del debate político, económico y social en las democracias occidentales.

En EEUU aún está bajo investigación el papel que tuvo Rusia en la elección en la que resultó triunfador Donald Trump, y donde hubo campañas de desinformación que ayudaron a ello.

Una parte del debate está justamente ahí, en el esparcimiento de informaciones nocivas que tienen el propósito de alterar la gobernabilidad, incidiendo inclusive en las decisiones de los gobiernos.

El presidente de EEUU, Joe Biden. Foto: Gage SkidMore

En nuestro país no parece existir una conciencia muy clara de este tipo de riesgos. En primer lugar porque hay un desprecio por las tecnologías y se ha dejado de invertir en el desarrollo de programas que colaboren en los objetivos de la seguridad nacional. Es más, buena parte de los recortes presupuestales afectan justamente a todo lo relacionado con el ciberespacio.

Tarde o temprano nos podemos arrepentir. Por ahora los ataques contra áreas sensibles se han limitado al secuestro de las páginas y sus archivos, para solicitar rescate, como ocurrió con la Lotería Nacional, pero no hay que descartar que se puedan dar pasos de franco sabotaje a redes que son indispensables para la marcha del gobierno.

Sería ingenuo el creer que no existen consecuencias por la utilización de noticias falsas, cuando están provienen de estrategias que muchas veces son alimentadas desde el extranjero.

Entender que desde la lógica democrática no hay ganadores, puede servir para priorizar la atención de este tipo de problemas bajo acuerdos amplios y plurales.

El desafío, por supuesto es que se comprenda la magnitud del problema para que se tomen cartas en el asunto y en particular en lo que se refiere a la inversión que hay que hacer en herramientas y conocimientos para estar a la altura de las circunstancias para enfrentar los conflictos 2.0.

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