Bukele, el rey desnudo: la propaganda frente a la realidad

Centrado en la figura del presidente salvadoreño, el periodista Óscar Martínez elabora un prontuario contundente para entender un fenómeno que trasciende fronteras. La estructura detrás de la máscara. La realidad frente a la propaganda.

Julián Andrade.-

Nayib Bukele es un dictador. Gobierna El Salvador con puño de hierro, pero su aparente eficacia proviene de pactos oscuros con las pandillas que ahora tiene en prisión. 

Como otros populistas, tuvo una carrera que inició en la izquierda, la del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, aunque con el tiempo se convirtió en un radical de derecha admirador de Donald Trump. 

Ahí se formó, escuchando a personajes que transitaron de la guerrilla a la democracia, algunos con más fortuna que otros, los menos, con coherencia a lo largo del tiempo. 

Lo suyo, sin embrago, es el pragmatismo, la carrera continua para acceder al poder democráticamente, para de inmediato desmontar controles institucionales y suprimir libertades.

Pero Bukele es sobre todo un publicista. Sabe que los sentimientos mueven más que las reflexiones, que los discursos tienen que ser sencillos y que hay que repetir unas tres ideas a lo largo del tiempo. 

Sus frases tienen una eficacia primaria: “el dinero alcanza cuando nadie nos roba”, “los mismos de siempre” y su llamado a que los políticos “devuelvan lo robado”.

Uno de los periodistas que mejor ha documentado la deriva autoritaria en la que se encuentra el país centro americano, es el p Óscar Martínez, editor de El Faro, medio de referencia dirigido por Carlos Dada.

Martínez acaba de publicar “Bukele, el rey desnudo” en Anagrama (2026).

Es un texto breve y contundente. Sin desperdicio repasa los aspectos centrales con lo que intenta que se desvanezca el embrujo que tiende un manto protector sobre el presidente salvadoreño. 

El equívoco proviene de la propaganda: Bukele sí sabe de seguridad y pacificó a su país, se escucha en mesas y tertulias por el mundo entero, pero esto es relativo, y además hay un alto costo en ello.

Uno de cada 57 ciudadanos está preso, en lo que es la tasa de encarcelamiento más elevada del mundo. 

“Debo reconocerlo: si yo ahora mismo me pusiera a caminar por las calles de mi país, habría riesgo cero de que un pandillero me hiciera daño. Bukele acabó con ellos”, escribe Martínez. 

Pero el periodista no puede recorrer los barrios y pueblos de su tierra, porque lo meterían preso, ya que a Bukele no le gusta la prensa independiente. 

Bukele rehúsa dar entrevistas, pero sí utilizó a un youtuber, Luisito Comunica, para banalizar el terror que impera en sus cárceles. Convertidas en una especie de parque temático, que seducen a conservadores de diversas regiones. 

El mandatario “acabó con las pandillas tras pactar con ellas durante ocho años y beneficiarse de ello para llegar a su primer cargo de importancia nacional, la alcaldía de la capital en 2015”.

Bukele es un iluminado. El pueblo le da órdenes que sólo él sabe cómo recibe, pero con ellas disolvió la Sala de los Constitucional y destituyó al fiscal que lo investigaba. 

Con el libro de Martínez se refuerza la convicción de la utilidad del periodismo pese a todas las amenazas que lo acechan. 

Bukele es un rey, en efecto, pero uno de los periodistas salvadoreños más sólidos, nos demuestra que el mandatorio va desnudo. 

Publicado en Forbes México el 14 de abril de 2026.

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