La designación de tres integrantes del INE es también la del inicio de otra etapa. La conformación plural del Consejo se debilita, y ello abrirá desafíos a la democracia misma.
Julián Andrade.-
El proceso de designación de tres consejeros del INE se encuentra en su fase final.
Pronto sabremos los nombres de quienes se integrarán al Consejo General, pero todo indica que no se tomarán decisiones adecuadas.
Los partidos siempre quisieran contar con autoridades cercanas y hasta dóciles, pero esto no abona en nada a la democracia, ya que lastima la legitimidad y complica la resolución de las crisis que pueden presentarse en la disputa por el poder político.
Quizá quienes impulsaron la estrategia de que los designados sean cercanos a quienes ahora gobiernan, se sientan operadores de altura, pero en realidad lograrán una victoria pírrica y que se puede convertir en bumerán.
El INE requiere de una integración independiente, que resista las presiones y que vea, en todo momento, por el bien de la convivencia democráticas.
Eso es lo que ya no tendremos, y que, siendo rigurosos, se había perdido desde la llegada de nuevos consejeros en 2023.
La forma en que fueron definidas las posiciones, en aquel año, por tómbola, revelaron la falta de disposición para entablar acuerdos en la Cámara de Diputados.
Pero, a diferencia de ahora, el Comité Técnico todavía intentó darle rigurosidad a su trabajo, sobre todo los participantes que fueron nombrados por el INAI, Maité Azuela y Sergio López Ayllón.
Pero como el Instituto de Transparencia desapareció, la conformación quedó en manos de la CNDH y de la propia Junta de Coordinación Política, con las consecuencias predecibles del caso.
DE ahí que, en las tres últimas semanas, en la fase de exámenes y de análisis de perfiles, fueron descartadas personalidades de una amplia trayectoria en materia electoral.

Como no hay explicación alguna sobre los parámetros con que se toman las decisiones, se abre un abanico de hipótesis que no hacen sino profundizar las sospechas sobre todo el procedimiento.
¿Quién gana y quién pierde? En el corto plazo en Morena se sentirán satisfechos. Algunos de sus diputados le tienen una tirria especial al INE y sobre todo a la historia de las últimas décadas, las de la consolidación democrática, por cierto.
Sumarán puntos, de igual manera, los que han impulsado reformas a la Constitución sin éxito, hasta ahora, porque podrán conseguir en la mesa del Consejo, lo que no se puedo por la vía parlamentaria.
Pierde el propio INE, porque verá menguada su eficacia con la llegada de consejeros sin experiencia, pero con amplias redes en las oficinas de gobierno.
Lo lamentará la sociedad, porque se debilita a una institución que ha sido uno de los soportes de la construcción de la democracia, la que permitió, entre otras cosas, tres alternancias en la presidencia de la República en condiciones de paz.
Pero al perder la ciudadanía, pierden todos, impulsores o no de cambios, postuladores o críticos.
Extrañaremos al INE que significó la organización de elecciones libres, con rigor y eficacia. Lo que viene es distinto, y pronto se enfrentarán las consecuencias.
Publicado en Forbes México el 21 de abril de 2026.
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