Israel: las duras lecciones de coexistencia

Julián Andrade.-

Los médicos en Israel han dado una batalla ejemplar contra el Covid-19 y ahora están iniciando una acaso de mayor importancia: la coexistencia y la tolerancia.

Saben de lo que hablan. Durante la emergencia sanitaria, médicos árabes trabajaron de la mano con enfermeras judías ortodoxas. En esos momentos lo que importaba era salvar vidas y la política se podía dejar de lado.

Los hospitales, en los hechos, son islas de convivencia, donde muchos de los prejuicios y desconfianzas han quedado atrás.

En estos momentos, donde los niveles de enfrentamiento han llegado al esbozo de una guerra civil, como en Lod, la ciudad donde se encuentra el Aeropuerto Internacional Ben Girón y que está a 15 kilómetros de Tel-Aviv y también muy cerca de Jerusalén, los integrantes del personal de salud están haciendo un llamado para construir la paz.

Más aún ante los bombardeos en Gaza y las penurias humanitarias que ya se han desatado entre los palestinos más marginados y en situaciones de alta vulnerabilidad.

Rossella Tercatin escribió una nota en The Jerusalem Post, en la que destaca la disposición del personal médico para superar diferencias y hacerlo a la luz de la experiencia y de que ello es posible cuando se vislumbran agendas comunes.

En muchas ocasiones la seguridad en la región se compromete por la acción de los radicales. La población civil padece, sobre todo en Palestina, las consecuencias de la falta de entendimiento y de brechas ideológicas y religiosas que dificultan el establecimiento de la normalidad en Gaza y en Cisjordania.

Foto de Haley Black en Pexels.com

Hay que tener presente que Gaza está gobernada por Hamas, una agrupación calificada de terrorista por el Tribunal de Justicia Europeo.  Esto importa, porque las escaladas de violencia también les convienen a ellos, ya que prolongan su influencia bajo la lógica de que son los defensores de Palestina ante el enemigo israelí.

Por supuesto que no son eso y más bien representan un escollo para que los sectores moderados, de ambos países, sean los que lleven la batuta de las relaciones. Lo más grave es que los muertos se cuentan por decenas, lo que implica, por necesidad, sufrimiento de familias, amigos y destrucción del tejido social.

Por ello, el desafío es romper la lógica que los separa para tener presente que no están judíos y árabes condenados a vivir juntos, sino que están destinados a ello.

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