De la polarización racial mexicana

Leonardo Báez Fuente.-

México tiene, como resultado del fascismo nacional revolucionario impuesto por el priiato, una concepción nacional profundamente xenófoba y racista. La “izquierda” de este enredo ideológico dirá que es el racismo hacia el indígena y el africano y todos les aplaudirán hablando de injusticias ancestrales y deudas históricas hacia esas comunidades. Sin embargo el racismo al que me refiero no tiene nada que ver con esto: Es el racismo xenofóbico y cerril hacia la otra mitad de la población nacional, hacia la población que racialmente se podría considerar como blanca.

Desde la escuela lo inculcan como dogma: El paraíso indígena lleno de seres excepcionales y casi fuera de este mundo, pacífico, científico y espiritual fue arrasado por los apestosos conquistadores que todo se lo robaron y mataron por puro placer sádico a todos los indígenas buenos y santos, imponiendo tres siglos de oscurantismo católico. Posteriormente la independencia pretende restaurar ese país y no lo dejan las potencias blancas, le roban el territorio y desde entonces conspiran en su blancura en contra de México para que nunca salga de la fosa séptica en la que se encuentra. Por eso siempre hay que desconfiar del blanco como del extraño enemigo que profanar con su planta el suelo mexicano pretendiera.

Lo anterior lo sublimó el nazismo de José Vasconcelos al alucinar con la existencia de “la raza cósmica” a través de la cual hablará el espíritu. Desde entonces se ha dogmatizado en México el odio al blanco como un aglutinador moral de la psique nacional.

Sin embargo, esta visión netamente capitalina choca con la realidad. México es un país mestizo en donde las razas puras no existen. Los blancos mexicanos son notoriamente mestizos en su origen ya que se mezclaron españoles, franceses, italianos, americanos, libaneses, sirios y muchos grupos más, que aunque guarden algunas tradiciones originarias, no fueron refractarios a mezclarse con la población indígena a la que aceptaron como igual y fueron los fundadores de la mayor parte de las ciudades mexicanas y a la fecha suelen ser la mayoría de las clases medias y altas del país.

No obstante lo anterior, los gobiernos de Echeverría y ahora de López, pretenden de manera demencial, señalar que la población blanca es la culpable de todos los males del país y pretenden cambiar la historia con la finalidad de ensalzar de manera mentirosa el indigenismo y desconocer la existencia de la población blanca del país, como sí ella no existiera y sólo fueran validas sus fantasías de porros de Ciencias Políticas en donde creen que ver con anteojeras la miseria indígena es ver la realidad, siendo que el México blanco ha sido el motor de vida de este país. Quien niega la historia siempre está un paso más cerca del infierno.

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