De albures y ficheras

Leonardo Báez Fuente.-

El día de hoy me entero de la muerte de Alfonso Zayas y confieso que uno de mis placeres culpables es ser fanático de ese cine de Ficheras y Albures que campeo por sus fueros durante la segunda mitad de los años 70 y casi toda la década de los 80 del siglo XX.

Ésta fuerte declaración, contraria a toda corrección política y artística comúnmente aceptada, nace de haber visto y coleccionar muchos títulos de ese cine que la intelectualidad condenó por naco, machista, grosero, malhablado y levemente pornográfico. Este cine tenía una fórmula muy sencilla que hizo que fuera el más rentable de toda la historia de la cinematografía mexicana: Los cómicos se albureaban entre sí, mientras que las actrices se desnudaban totalmente a la menor provocación, todo esto aderezado con números musicales bien interpretados por los conjuntos tropicales de moda.

Los productores privados de la época vieron en ese cine la mejor oportunidad de negocio que pudieron encontrar. A la gente de ese tiempo le gustaba ver que alguien igual a ellos (no la gente bien con ínfulas de críticos de cine) podía ser abusivo, astuto, de mal gusto y aun así triunfar en el ambiente urbano esencial de ubicación y diversión: las vecindades y los cabarets de poca monta, llevándose a la cama a las mujeres más apetecibles a su gusto, siendo un simple hombre con oficio o proxenetas en situaciones desastrosas como una impotencia solo curable con aplausos. El resultado fue que estos filmes no sólo pagaron el financiamiento que les daba el Banco Cinematográfico, sino que volvió ricos a todos los involucrados en perpetrar dichos atentados al buen gusto y al cine festivalero que nunca era apreciado por los críticos internacionales por malo y aburrido.

Este cine condenado por la intelectualidad egresada del  entonces Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (quienes vivieron de los regalos de Echeverría que quería que el cine fuera su muralismo cardenista y hacían películas “de alto valor artístico” que nadie veía) y que fueron las más taquilleras de la época, contó siempre con un elenco cómico muy experimentado en teatro clásico, pantomima, teatros de revista, carpas, televisión y cine y del que siempre se podía ver que daban las mejores actuaciones posibles (A la fecha y dada su avanzada edad, se les considera como primeros actores en cualquier participación que tengan), las mujeres eran en general bellísimas y les daban respuesta a estos actores de primer nivel. La omisión de censurar esas películas hizo lo demás: verdaderos exitazos de taquilla donde las programaran, para envidia de todos los “cineastas de calidad” que ni con todos los apoyos gubernamentales lograron jamás el éxito comercial.

Hoy me serviré un buen trago, y en homenaje al actor más representativo de este “cine maldito” (eran peores las películas de acción de narcotraficantes y los hermanos Almada), veré alguna de sus películas para reír a mandíbula batiente. Salud.

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