De la historia mentida

Leonardo Báez Fuente.-

En la locura histórica en que se desarrolla el actual desgobierno (histórica en dos aspectos: por ser recordado como uno de los peores desastres gubernamentales que ha sufrido México en su largo devenir de desastres gubernamentales y en su afán por inventarse una historia oficial ficticia para el consumo de sus paniaguados) hemos visto una serie de auténticas joyas: Cambiarle el nombre a las calles y lugares de la Ciudad de México para adecuarlas a su narrativa pseudohistórica y negar las realidades que la verdadera Historia ha enseñado y que no quieren ver por ser contrarias a sus creencias.

El próximo 13 de agosto se cumplirán quinientos años de que Cuauhtémoc fue capturado en plena y vergonzosa huida por el bergantín de García de Olguín, quien de inmediato lo entregó como prisionero de guerra a Cortés. El tormento de quemarle los pies se lo aplicó el Tesorero Real Julián de Alderete y no Cortés.

Ahora bien, ¿qué quedó del pueblo mexica después de las incontables derrotas que sufrió desde la batalla de Otumba (una semana después de la huida de Cortés de Tenochtitlán) y las tomas de Tepeaca, Texcoco, Cuauhnáhuac, Chalco, Xochimilco, Tláhuac, Iztapalapa, la misma Tenochtitlán y Tlaltelolco? Pues muy pocos o casi nadie, dado el furor con el que los indígenas aliados de Cortés los masacraron siempre que los capturaban; casi nadie debe haber quedado vivo salvo la escasa y aperreada nobleza que se rindió conjuntamente con Cuauhtémoc y unos pocos que aguantaron las condiciones de epidemias y hambre del sitio y de los cuales dudo que en 1530 quedaran todavía algunos vivos.

Templo Mayor. Foto: INAH

El mestizaje que tanto presumimos en México (como el de la “Raza Cósmica” que el nazi de José Vasconcelos se inventó como sustituto de la raza aria de Hitler) se formó esencialmente de mujeres de los pueblos indígenas aliados con los guerreros castellanos y esto lo afirmo por simple lógica: Es mucho más sencillo aparearse con mujeres pacíficas y amistosas que con los esqueletos y cadáveres de las mujeres mexicas, los cuales por obvias razones no son materia dispuesta para la reproducción.

Así las cosas, cuando se inventan nuestros “historiadores oficiales” (empezando por el padre Clavijero) que descendemos del mestizaje de mexicas con españoles, no puede ser más que un mito.  El mestizaje mexicano se formó esencialmente con mujeres totonacas, chalcas, texcocanas, tlaxcaltecas, huejotzincas, purépechas y demás pueblos indígenas que terminaron aliados con los castellanos, no sólo en el campo de batalla, sino en las camas y petates de todo el país.

La falaz aztecofilia que nos dictaron e impusieron ideológicamente en los libros de texto gratuito no es más que una mentira. En México nadie desciende de los mexicas porque en su mayoría estaban muertos cuando pudieron integrarse carnalmente para formarlo. El componente indígena del mexicano es el de los vencedores de los mexicas y no el que los imbéciles de la 4T nos quieren vender en aras de preservar el mito azteca.

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