López Gatell: La metáfora del cubrebocas

Julián Andrade

La gestión de la crisis del Covid-19 no fue la adecuada. Las estimaciones que se hicieron, por parte de la Secretaría de Salud quedaron rebasadas, y pronto seremos uno de los países que contabilice mayor número de fallecimientos.

Cerramos tarde y empezamos la apertura pronto. Este péndulo describe parte de las inconsistencias con las que se trató salir al paso de una crisis, hay que decirlo, de carácter internacional y cuyas consecuencias aún son inciertas, aunque ya sabemos que por lo pronto resultan ya desastrosas.

El poner la estrategia al servicio de la política, en lugar de asumir la gravedad de lo que ocurriría, hizo que se perdieran semanas valiosas, que habrían dado una mejor oportunidad para evitar contagios.

Mientras Europa crecía en contagios, aquí se seguía afirmando que estábamos preparados. Es evidente que no fue así.

Los cubrebocas son un ejemplo de la lectura que se venía haciendo desde el poder. Hasta este sábado, el encargado de atender la pandemia, Hugo López Gatell era reacio a la utilización de este instrumento que se implementó para la población en diversos países.

Algo cambio y admitió, aunque a regañadientes, que su utilización puede servir para evitar contagios en espacios cerrados. Más cuestiones se irán ajustando los próximos días, porque la pandemia no solo no se controló, sino que va a profundizarse.  

Es una mala noticia, pero se debe trabajar para que no sea peor. Es tiempo de coordinación entre autoridades y el Consejo de Salubridad General debería ser más protagónico.

Otro tanto hay que decir de la economía empeorará también, en gran medida porque  apoyos a los pequeños empresarios, que son la mayoría y los que más empleos generan, no existieron o resultaron raquíticos.

Un dato estremecedor es que el 71 por ciento de quienes han fallecido por Covid-19 en nuestro país, tenían una instrucción por debajo del nivel de primaria y casi la mitad eran desempleados o jubilados, de acuerdo con un estudio de la UNAM. Es la huella de la desigualdad y la señal de alarma sobre la insuficiencia de los programas de atención y sociales.

La crisis está con nosotros y será prolongada, por eso más vale que se tomen las decisiones adecuadas y que se deje de jugar a la política, para que el espacio lo asuma la ciencia y la técnica.

Un buen paso sería que el presidente Andrés Manuel López Obrador usara cubrebocas, poniendo el ejemplo a la población y mandando el mensaje de estamos en riesgo. Nunca es tarde para rectificar, porque todo puede ser peor si no se actúan con claridad y no se corrige lo que no está funcionando.

Hay que tener presente que, inclusive luego de la pandemia vendrán desafíos igual de complejos y de urgentes.

Desde hace años, los grupos de científicos, en los mejores laboratorios internacionales  que se ocupan de las pandemias, sabían que algo así podía ocurrir. A nivel técnico no se ha dejado de trabajar, sobre todo desde la irrupción de la influenza en 2009. Por desgracia no fue suficiente y se cristalizó la peor pesadilla: un virus altamente contagioso para el que no existe ni cura ni vacuna.

Este es uno de los rasgos más graves de lo que está ocurriendo, porque si bien nos va, habría una vacuna para finales de este año o para el primer semestre del que sigue. Pero ahí no terminan los retos, es más inician, porque los países tendrán que contar con los recursos logísticos y económicos para poder aplicar las vacunas de modo eficiente.

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