Para mí

Nav Melech.-

He escrito incansablemente de tantas personas que ya no están, y la verdad es que no sabría dar la explicación concreta del por qué lo hago; solo sé que un día surgieron de mí las decenas palabras, y como una fuente desbordada, las letras se desbocaron a caudales, y hasta la fecha no he podido encontrar la llave para detenerlas. Recuerdo que un viejo amigo me dijo que la mejor manera de hablar con los que se fueron, era escribiéndoles; pero él nunca me dijo que dos semanas después iba a terminar escribiendo para él. Supongo, que esas son las bromas de mal gusto que la vida va aventando a nuestros pies. 

Confieso que aprendí a escribir cuentos para hablar conmigo mismo, para acompañarme en una soledad fluctuante. Comencé a escribir cuentos para descubrirme con las últimas palabras; historias dónde ni siquiera yo supiera qué iba a pasar al final; poemas para enamorar, y también para despedirse; cuentos para distraer las lágrimas, y otros muchos, para señalar la hermosa luz del camino de la vida. Pensaba que la razón de mi escritura era para acariciar las partes más escondidas de las personas; pero, con el tiempo descubrí la verdad del por qué, y para quién escribo. Como ya lo dí a entender en unas palabras atrás, yo escribo para los que se fueron antes de que terminara yo este cuento.

El día de hoy escribo un cuento en secreto, sin que nadie se entere, con las esperanzas de que nadie lo lea, y si ustedes ya están presentes, leyendo junto a mí, no me queda más que darles la más hermosa de las bienvenidas; acompáñenme a platicar un momento con mi abuelo.

Y comienza así.

Lunes:

Oye viejito, mira que vine a conocerte. Ayer me hablaste de tus hijas, y supe que en un momento largo de tu vida fuiste tan feliz. Te dije que mi hija iba a cumplir tres años en abril. Ya no escuchas muy bien desde enero, y además te molestan tus auriculares. ¿Qué es lo que no quieres escuchar? Te conocí en el mejor momento de tu vida; cuando comenzabas a inventar que eras alguien más. Nunca lloraste frente a mí, pero hoy yo sí frente a tí.

Martes:

Sonríes como yo, sonríes como mi mamá, como tu mamá, como mi hija, sonríes porque soy parte de tí, porque eres parte de mí, sonríes porque estoy y estaré siempre contigo. No me sueltes. Háblame de tu mamá, y te hablaré de la mía. ¿A qué le tuviste miedo? ¿Qué ves en mí de tí? ¿Qué será de lo que fuimos, o de lo que nunca pudimos ser? 

Miércoles:

¿Escuchas, viejito? Son las canciones que te gustan. Mira, es el tequila que tanto me pides. Yo estudié Teatro en mis sueños, y tú, Física en los tuyos. No te enojes, abuelo. No vuelvas a casa. Quédate cerca un momento más. Cuéntame de cuando eras niño y te enamoraste por primera vez. Cuéntame cómo fue jugar con mi mamá cuando era niña. ¿Crees que se parece a mi hija?

Jueves:

¿Por qué te quieres ir? ¿No quieres estar cerca de mí? Llévame a tus pensamientos, prometo no llevarme nada de ellos. Prueba la gelatina que te traje. Hoy te ví llorar. Todos aquí ya conocen tu nombre, y también el mío. Las señoras me regalan fruta en la entrada, y también sus mejores deseos. Mi hija las saluda tímida, y sus manos arrugadas hacen una imagen perfecta con las de mi hija; es como ver el hilo del tiempo en un segundo.

Viernes: 

Ven, vamos al patio a ver las flores, recogemos mandarinas y nos acompañamos. ¿Quieres ir al mar? ¿Por qué confundes mi nombre con el de tu hermano? Vamos a sentarnos, que el calor te está cansando. Hace muchos años que ya no trabajas, no te preocupes, no tienes a dónde ir. Descansa, viejito.

Sábado:

Ven a comer con tus hijas. Ellas te ven con amor; te miran de la misma manera como yo veo a mi mamá. Sus manos son como las tuyas. Los años que pasan por sus cabellos me dan miedo, angustia, y tristeza. ¿Bostezas porque quieres irte, o porque quieres ir a soñar con otros días?

Domingo:

Mi hija vino a sentarte a tus piernas. Le confundes el nombre con el de mi hermana. Le diste una flor amarilla y tu secreto de cómo doblar aviones de papel. Su presencia te llena un poco de vida. Mamá llora desde la cocina. Mi abuela vive perdida en el mundo, y cuando me abraza se siente su miedo; le tiene pavor a la muerte, y más a vivir feliz y en paz.

Lunes:

Era momento. Dormiste más de lo normal, podríamos decir que hasta la eternidad. No nos despedimos. Me quedé frente al monitor por horas. No te lloré. Tuve calma por un minuto. Te recuerdo sonriendo. Hubo flores blancas frente a tu fotografía. Mi esposa abrazó por primera vez a mi mamá. Mi hija dibuja desde el piso reluciente de la funeraria. Al fondo rezan hipócritamente un rosario. El silencio es coherente con la vida que tuviste. Lloramos, porque es el amor que no nos dió tiempo de expresar.

Y así termina.

…Un cuento más, un intento para soltarse del pasado; de aquellos días más sencillos. Me confirmo que escribo para platicar con las personas que alguna vez tuvieron el tiempo de escuchar. Este fue un cuento para dormir, y también para despertar con la confianza de que todo está bien, de que todo va a estar bien, de que ellos estuvieron bien, y siempre estarán bien; alegres detrás de una parte de la historia que aún no nos toca leer.

Para tí, hoy y ayer. 

Posdata: Todos los lunes compro tu gelatina de limón, pero ya no hay quien se la coma, así que la regalo. Ojalá sepan que es de tu parte.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: