Ayotzinapa y el tráiler fantasma

Julián Andrade.-

Abelina López, la alcaldesa de Acapulco, tiene una forma muy particular de ver las cosas. Hace unos días divulgó la causa profunda de la violencia en el puerto y en Guerrero: “la calor”.

Antes se había quejado de la publicación de notas sobre sucesos policiales, porque considera que son “alarmistas” y alejan al turismo. Así es ella y en Morena la tienen como un activo.

El deterioro institucional que se vive en ese estado sureño es producto de malos gobiernos, pero también de esa ceguera tan propia de la política que termina creer que el no hablar de un hecho lo desaparece. No es así, y ahí están las consecuencias.

Pero la alcaldesa es una decidida defensora de los suyos, los que se alinean a una corriente de activismo que no conoce límites.

El viernes, en la carretera de Acapulco, en Palo Blanco, estudiantes de la normal de Ayotzinapa intentaron tomar la caseta de cobros y esta vez elementos de la Guardia Nacional se los impidieron. Los activistas de la escuela Isidro Burgos se financian de esa manera y no debe ser poco lo obtienen porque “piden cooperación” a todo el que pasa.

Se armó la trifulca, hubo heridos, y sucedió algo muy inquietante. Los normalistas lanzaron un tráiler contra los elementos de seguridad y el saldo fue de 14 heridos.

Hay un debate sobres si no tenía frenos o iba en punto muerto el vehículo de transporte.

La alcaldesa se inclina por esta última hipótesis y con ella trata de justificar a los jóvenes normalistas. Al parecer, es un atenuante el accionar la palanca, colocarla en neutral y dejar que el camión se impacte ahí donde llegue.

En realidad, los está incriminando, aunque seguramente no se percató de ello, porque su afán era de exculpación y volvió al cuento de que son luchadores sociales, cuando todos saben, a estas alturas que no lo son.

Por lo pronto, la empresa Soriana, dueña del tráiler, presentará una denuncia por robo, aunque lo más probable es que quede sepultada en el amplio panteón de la impunidad, aunque no está mal que quede el registro de lo ocurrido.

Abelina López, la presidente municipal de Acapulco.

Es importante distinguir las exigencias legítimas que se desarrollan alrededor del caso Ayotzinapa y la desaparición de 43 normalistas, de hechos de violencia puntuales y a la vista de todos.

No hacerlo es propiciar que verdaderos forajidos se adueñen de un relato para delinquir. Recordemos que en 2011 estudiantes de la normal de Ayotzinapa trataron de hacer volar una gasolinera.  Lo impidió la valentía de un ingeniero en sistemas, Gonzalo Rivas, quien apagó el conato de incendio impidiendo antes de que llegara a los depósitos de combustible, ofrendando su vida para salvar la de otros. Esto motivó que le concedieran, de manera póstuma, la medalla Belisario Domínguez, la máxima distinción del Senado de la República.

Pero ese ejercicio de memoria no debe de desprenderse de lo que lo motivó: la intención de un grupo de sujetos de provocar una explosión que habría costado muchas vidas.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: