Un desafío al INE y a la democracia

Julián Andrade.-

El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio González Luna, quiere meter a seis consejeros del INE en la cárcel. Es un disparate que, estoy convencido, no encontrará eco en la Fiscalía General de la República.

El agravio, de acuerdo al legislador de Morena, proviene del acuerdo del Consejo General del órgano electoral en el que se determinó suspender los pasos subsecuentes a la recolección y validación de firmas en el proceso de la consulta de Revocación de Mandato.

Los acusa de coalición de servidores públicos, un delito que alcanza los siete años de prisión.

Si prosperara el intento de González Luna entraríamos de lleno en una crisis de carácter político donde la primera víctima sería la democracia.

De procederse contra los consejeros que votaron por suspender, de modo momentáneo la consulta, sería un golpe al sistema electoral y nos colocaría en los albores del totalitarismo.

En los hechos, el Consejo General del INE no contravino ley alguna, al contrario, está procesado un problema por las vías institucionales.

Es más, si bien la comisión de receso de la Suprema Corte concedió una suspensión a la Cámara de Diputados y ordenó que se continúe con la organización de la Revocación, esta pendiente que los ministros analicen el fondo y decidan sobre la situación presupuestaria, es decir, lo más importante está por definirse.

Además, hay una discusión interesante sobre si la Corte tiene competencia en un tema que es electoral. No hay que confundir el litigio del presupuesto y lo que implica para la autonomía constitucional del INE y la propia realización de la consulta que es un apartado en el que solo debería de intervenir el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Lo inquietante, es como se viene descomponiendo el ambiente político y de manera deliberada. Esta crisis es provocada totalmente por los desatinos de la propia Cámara de Diputados, primero no dotando de recursos al INE para la posible consulta de Revocación y ahora en un delirante intento por descabezar a una de las instituciones que más prestigio tiene en la ciudadanía.

Los grupos más radicales de la 4T andan sueltos y pueden causar muchos estropicios si no se les controla. Aquí hay una responsabilidad evidente de quienes son sus jefes, en Palacio Nacional, en el partido mayoritario, y en el área que debe conducir la política interna del país.

Es un momento en que los demócratas tienen que dar la cara, comprometerse y defender lo que se logró con mucho esfuerzo. Nuestra democracia no es un regalo de nadie, es consecuencia de generaciones enteras trabajando en ese propósito.

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