Lorenzo Córdova y los diputados silvestres

Julián Andrade.-

La democracia cuesta dinero y en el caso mexicano mucho, porque ese es el nivel de desconfianza que alimentaron, durante décadas, quienes ahora gobiernan.

Por eso tenemos el sistema electoral que tenemos, el que se fue construyendo a base de ajustes y reformas para buscar el acuerdo con grupos a los que, ahora lo sabemos, les importaba un bledo la democracia.

De otra forma no se entiende la hostilidad de los diputados de Morena y de sus satélites del PT en contra del INE y de su consejero presidente, Lorenzo Córdova.

En realidad, la cita para Córdova era una encerrona para descalificarlo, para hacer un juicio sobre las decisiones del INE y para dejar claro que hay cuentas pendientes.

Es ingenuo pensar que se trató de un debate democrático, aunque la destreza y la finura de Córdova hayan elevado el nivel ante la deplorable preparación de las bancadas gobiernistas.

En teoría se tendría que haber discutido, con argumentos y puntualidad, sobre los montos que requiere el INE para realizar su trabajo y en particular para implementar la consulta sobre revocación de mandato.

Si bien se trata de un cuento, porque en realidad nadie está pidiendo que el presidente de la República pierda su cargo, las cosas se tienen que hacer con el debido profesionalismo, porque lo que se preguntará a la ciudadanía es muy delicado.

Es una cuestión de Estado y vital para la democracia, por lo que ahí no puede caber el desparpajo con el que se hacen las cosas en la 4T.

Por ejemplo, la recopilación de las firmas ciudadanas es todo un tema, que era difícil si se utilizaba la aplicación electrónica para el caso, pero ahora será titánico porque el Tribunal Electoral dispuso que se puedan utilizar de igual manera registros en papel.

Cada firma tiene que ser validada, y ello tomará tiempo y recursos, porque es indispensable que no se haga trampa, como la que se hizo con la absurda consulta sobre el pasado.

Las urgencias de los diputados, sin embargo, campean entre las frustraciones de los supuestos fraudes que se cometieron en el pasado y la cantaleta populista y mentirosa sobre los sueldos de los consejeros electorales.

Lo que ocurrió en San Lázaro es preocupante, porque no hay una voluntad de tolerancia en las mayorías y, sobre todo, se muestran añorantes del pasado más autoritario.

Es curioso, ni en lo que en teoría más les importa, hay el esfuerzo de prepararse para evitar la improvisación y las ocurrencias.

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