De conmemoraciones (e inciertas proclamaciones)

Leonardo Báez Fuente.-

El día de ayer, 13 de agosto de 2021, se cumplieron quinientos años de que finalizó el sitio de Tenochtitlán, en el momento en que Cuauhtémoc fue capturado en plena y vergonzosa huida por el bergantín de García de Holguín, quien a su vez lo entregó a Hernán Cortés quien le perdonó momentáneamente la vida para volverlo el maestro de obras en la reconstrucción de la ciudad. De esas dos ciudades, la mexica y la primigenia española no queda nada; la primera destruida por el sitio y la segunda arrasada por la inundación de 1629 a 1632. La ciudad antigua es casi toda de los siglos XVII y XVIII.

Hoy nuestro desgobierno ha decidido no conmemorar la destrucción de uno de los más efímeros (su “esplendor” duró el siglo XV y el inicio del XVI) e implacables imperios caníbales de la historia, sino “Quinientos años de resistencia indígena”, con base en las apreciaciones de supuestos académicos que han promovido una revisión de la historia nacional con los criterios propios del “progresismo”, la corrección política y la falacia histórica a fin de perpetuar su sueño de un país que nunca ha existido.

Lo anterior es notable desde el logotipo de los festejos: Una Coyolxauhqui pintada con los colores de Morena, no despedazada por su hermano Hutzilopochtli (para no promover la violencia contra las mujeres) lo que la hace parecer que hace una postura del yoga tan querido por los biempensantes actuales, no reconociendo lo que es una leyenda brutal de violencia intrafamiliar.

500 años de resistencia indígena.

Lo peor ha sido el retiro en lo posible de las calles, estatuas y monumentos relacionadas con la derrota mexica. En cada cambio de nombres o retiro de algo los “académicos comprometidos” aparecen con cara de satisfacción por la vindicta que hace en contra de los malévolos conquistadores europeos que destruyeron su fantasía de una sociedad en la que existan mexicanos más mexicanos que los otros. Para ellos y el presidente todo aquel que no sea indígena puro es un malvado descendiente de traidoras a la raza que se juntaron con los masiosares peninsulares y crearon una raza impura. De los mexicanos blancos no quiero ni imaginar qué opinan, aunque por sus apellidos y pintas renieguen de su origen para proclamarse purísimos mexicanos cien por ciento indígenas.

Hoy inaugurarán una horrenda reproducción del Templo Mayor en medio de la plancha de la Plaza de la Constitución. No dudaría que en plena megalomanía y haciendo una demostración digna de Bokassa, se proclame a López como Huey Tlatoani y que su coronación con el copilli se lleve a cabo en ese momento. En los hechos lo es, ya que insiste en que su voz sea la única que se escuche todos los días de 7 a 10 de la mañana. El horror y la locura van de la mano.

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