Y después de la consulta… ¿qué?

Mauricio Juárez.-

En Palacio Nacional y en Morena continúan viendo hacia el pasado. Ahora quieren una Comisión de la Verdad para llevar a juicio a los expresidentes. Entonces, ¿para qué una consulta que costó más de 500 millones de pesos?

No hablan del futuro ni de cómo resolverán las tres crisis que agobian al país: inseguridad, salud, economía. Siguen en campaña para distraer a los mexicanos.

La consulta popular del domingo resultó onerosa e inútil. Menos de 7 millones de personas votaron; se requerían más de 37 millones para que fuera vinculante.

Ahora hablan de crear una Comisión de la Verdad o de un “juicio popular”. Eso se podía haber hecho sin necesidad de una consulta.

Sin embargo, había que cumplir otro más de los caprichos presidenciales. Un distractor más para evadir responsabilidades gubernamentales.

López Obrador advirtió que “esto no descarta la posibilidad de que haya juicios”. Nuevamente la pregunta: ¿para qué la consulta?

De acuerdo con el presidente, la autoridad tiene derecho de actuar cuando se trata de asuntos judiciales. Criticó a los opositores porque afirmaban, previo a la consulta, que “la ley no se consulta…”, y respondió que “tampoco se aplica”.

Si la crítica es que antes no se aplicaba la justicia porque se encubrían actos de corrupción, ¿por qué López Obrador no lo hace ahora? El presidente ostenta un poder que ninguno de sus antecesores tuvo.

López Obrador puede presentar denuncias y ordenar que se inicien investigaciones contra personajes del pasado. Nadie se opondría a ello.

Pero en cambio, prefirió impulsar un ejercicio propagandístico que jaló los reflectores precisamente hacia donde él quería.

Si la posibilidad de iniciar juicios contra expresidentes aún está abierta, es momento que desde el gobierno actúen en consecuencia.

La consulta solo fue un pretexto. La mayoría de quienes acudieron a votar lo hizo por el Sí. El presidente tiene que atender la decisión mayoritaria.

La democracia participativa es una buena noticia, pero no como consecuencia de los deseos de venganza de una persona, aunque cargue con la investidura presidencial.

El presidente tiene la última palabra. ¿Se atreverá a presentar denuncias o intentará enredar con pura verborrea?

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