La masificación del espionaje

Julián Andrade.-

Los policías y los fiscales saben de las dificultades que implica el intervenir el teléfono de personajes investigados por delitos relevantes. Esto es así, porque existen restricciones que tienen que garantizar que no se haga un mal uso de la información y que la captación de llamadas tenga límites precisos y siempre autorizados por un juez. 

Bueno, esto es lo teórico, porque en la práctica se han utilizado las intervenciones telefónicas para obtener chismes, informaciones comprometedoras, susceptibles de chantaje y adelantos de publicaciones periodísticas. 

Es una vergüenza, por supuesto, pero así han funcionado algunas áreas de seguridad, violando la legalidad y abriendo una puerta que no conducirá a nada bueno. 

Le Monde, acompañado de medios de comunicación a lo largo del mundo y bajo la iniciativa de France Forbidden Stories, están publicado un panorama aterrador sobre la utilización del programa Pegasus de la empresa israelí NSP Group,, que en teoría se utilizaría para combatir al terrorismo, pero que terminó en una red de espionaje contra activistas de los derechos humanos, opositores y periodistas.

Los contratos con la empresa son signados por gobiernos, por lo que su utilización es todavía más delicada y puede verse como un ataque a la democracia misma y a sus garantías.

Desde 2016 los clientes del grupo solicitaron la intervención de 50 mil números a los largo del mundo.  

México no es la excepción y ahora sabemos que son miles las víctimas de esta práctica. Es lamentable, por supuesto, porque además de las violaciones a los derechos más elementales, hay una clara renuncia de combatir a quienes sí deben ser objetivos de interés de los policías. 

¿Cómo llegamos a esto? Supongo que es una mezcla de desesperación y autoritarismo. 

Lo explico. Todos sabemos que el colapso de la administración de Enrique Peña Nieto ocurrió por dos asuntos: Ayotzinapa y La Casa Blanca.

En el primero fallaron todas las medidas preventivas y de anticipación y el segundo fue un reflejo de la ceguera que imperaba en Los Pinos ante hechos que habrían sido claros para cualquiera: no se puede adquirir una propiedad que venda un proveedor del gobierno, porque ello generará sospechas más que fundadas. 

Ante esta situación, cuyas consecuencias se pudieron observar en las elecciones de 2018, lo que se hizo fue espiar a los reporteros que pudieran tener en su poder información comprometedora.

Sí esto le sirvió a los espías es un misterio, porque no conocemos detalles ni sabemos de historia no publicadas por algún tipo de presión política, pero seguro se celebró en los círculos crimínales que no eran vigilados con la eficacia debida, ya que los espías estaban ocupados en otras tareas. 

Pero al mismo tiempo es importante no olvidar que las amenazas y amagos contra el periodismo no han hecho sino aumentar en los últimos años, por lo que Pegasus es una muestra que se inscribe en políticas que intentan minar el trabajo periodístico o cuando menos complicarlo.

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