Del génesis criminal

Leonardo Báez Fuente.-

La criminalidad en México es un fenómeno de terror. Cada día se conocen no sólo los innumerables delitos cometidos por los narcotraficantes y sus bandas afines, sino también nos encontramos que cada día hay más personas y cada vez más cercanas que se convierten en víctimas de una delincuencia común ensoberbecida e impune.

México cayó en manos de la delincuencia desde el sexenio de Echeverría, cuando sus cuñados los hermanos Zuno Arce hicieron de Guadalajara el bastión del tráfico de drogas y el gansterismo estudiantil, mismo que proveyó de sicarios y operadores desde la Universidad de Guadalajara y su eterna lucha entre los caciques Zuno y Ramírez. No se descuenta también la invaluable colaboración que los grupos guerrilleros de los años 70 aportaron al pasarse de la “lucha social” al sicariato como negocio, sin olvidar la persecución a los delincuentes internacionales para “expropiar” el negocio (Alberto Sicilia Falcón et al). Es de hacerse notar que Echeverría determinó anular los derechos de la población a tener, portar y usar armas para su defensa, dejando a la delincuencia la libre tenencia de las mismas.

La transpolación a negocio nacional se logró en el sexenio de López Portillo, en donde su compadre Arturo Durazo, después de haber sido señalado como aquel que controlaba el tráfico de drogas en el aeropuerto capitalino cuando era agente de la Dirección Federal de Seguridad, brincó a convertirse en el Secretario de Protección y Vialidad del Distrito Federal, desarrollando entre su gente una red de corrupción total y de control y dirección absolutos sobre la delincuencia, misma que carcomió al país desde ese entonces.

Arturo Durazo, el jefe policiaco.

De ahí en adelante se ve como las autoridades claudicaron e incluso se aliaron con la delincuencia para reprimir y aterrorizar a la población. Sólo la indiscreción del asesinato de Enrique Camarena causó la primera de muchas reacciones de los Estados Unidos exigiendo que se detuviera el crecimiento exponencial de la delincuencia, sin embargo, los políticos de la era de Miguel de la Madrid (Manuel Bartlett era el Secretario de Gobernación de la época) fueron omisos en enfrentarla por inconveniente a sus intereses.

Todos sabemos que sí a la delincuencia o al gobierno (cualquier parecido no es coincidencia) se le da mano libre, será poco menos que imposible recuperar la libertad perdida de la población. Desde los años 80 hemos sido azotados por la criminalidad sin que haya ningún intento serio de acabar con ella. Las colonias de clase media se han vuelto cárceles llenas de rejas y plumas para impedir la entrada de extraños; las calles son tierra de nadie donde la impunidad campea por sus fueros; los cuerpos policíacos están entrampados entre su inutilidad y el burocratismo nacional que impide que los delincuentes sean tratados como tales y todos viviendo en el terror de caer en manos de ella, porque sabemos que nadie nos va a escuchar cuando estemos en sus manos. Son los gritos del silencio.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: