Cuauhtémoc Gutiérrez: descomposición y metáfora

Julián Andrade.-

Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre es un político controvertido. Siempre lo han rodeado los escándalos y hasta ahora había salido bien librado.

Es uno de los líderes más importantes del PRI en la capital del país y ello le permitió sortear no pocas dificultades, por una mezcla de componendas, impunidad y necesidad.

Hizo de la política un negocio y supo aprovechar la utilidad que todavía podía sacarle a una franquicia en deterioro, pero que permitía pactar y propiciar gobernabilidad.

Esto le brindó la protección que necesitaba para esquivar todo tipo de señalamientos, inclusive los de violencia contra militantes de su propio partido.

Lo necesitaban en las dirigencias nacionales, porque nadie se quería hacer cargo de lo que ocurría en la Ciudad de México y menos desde la pérdida de la Jefatura de Gobierno en 1997.

Siempre estuvo enfrentado al grupo de María de los Ángeles  Moreno, quien hizo todo lo que estuvo en sus manos para sacarlo de la vida política, pero Gutiérrez de la Torre contaba con padrinazgos muy poderosos.

Cuauhtémoc Gutiérrez, los buenos tiempos

 En 2014  Gutiérrez de la Torre fue acusado  de comandar una red de prostitución, de engañar a sus colaboradoras y de trata de personas. Todo ello desde sus oficinas en Puente de Alvarado, la cede del PRI de la Ciudad de México y donde fungía como su presidente.

Se vio obligado a dejar el cargo y estuvo sujeto a investigación por varios años en la Procuraduría, pero libró las acusaciones porque nunca se pudo establecer con claridad un caso en su contra.

Se alejó un tiempo del PRI, pero  volvió por sus fueros y ya se aprestaba a colocar en posiciones y candidaturas clave a los que lo han acompañado en los últimos años.

Esto quizá ya no sea posible, porque ahora en la Fiscalía General de Justicia sostienen que hay elementos  suficientes para proceder en su contra, por lo que solicitaron y obtuvieron de un juez una orden de captura. Es probable que el ocaso de Gutiérrez de la Torre haya llegado.

Más allá del escándalo del momento, no hay que perder de vista que hay múltiples irresponsabilidades en torno a este asunto.

Esto muestra como el grueso del priismo local nunca tuvo ni la capacidad ni la voluntad  de renovarse, porque en buena medida los esquemas clientelares e inclusive mafiosos continuaron o se acoplaron ante nuevos poderes. Quienes trataron de revertir esto eran  pocos, como Mauricio López,  y al final los dejaron solos.

Gutiérrez de la Torre es, a fin de cuentas, una muestra de cómo se hace política en la Ciudad de México y de cómo sobreviven personajes que no cuentan con solvencia moral y que siempre están en los márgenes de la legalidad, pero cumplen con los propósitos que les encomiendan. Son, en más de un sentido, una especie metáfora de la descomposición.

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