El divorcio

Mauricio Juárez.-

El presidente Andrés Manuel López Obrador y su partido, Morena, rompieron con sectores que les ayudaron a entrar a Palacio Nacional. Con la desaparición de fideicomisos acabaron con una relación de años.

Desde 2006, muchos de ellos apoyaron al hoy presidente creyendo que los recursos aumentarían y tendrían mayor oportunidad para su desarrollo profesional. Se equivocaron. Ni el PRI ni el PAN se atrevieron a tanta inmoralidad. 

En la Cámara de Diputados se convocó a Parlamento Abierto. Participaron, con ingenuidad, víctimas, artistas, científicos, investigadores y deportistas. Mario Delgado se comprometió a no desaparecer algunos de esos fideicomisos.

El coordinador de Morena en San Lázaro no cumplió. Les vio la cara y se olvidó que gracias al apoyo de muchos de ellos ahora Morena es mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores. También que a ellos deben muchos de los votos que obtuvo López Obrador en 2018.

Desde Palacio Nacional, secretarías de Estado, Cámaras de Diputados y Senadores, gobiernos estatales que encabezan, pasando por el de la Ciudad de México, les gusta repetir: “no somos iguales”. Los hechos demuestran que son peores, que el dinero lo quieren para usarlo discrecionalmente.

Los engañados deben estar decepcionados de un gobierno y un partido que prometieron ser diferentes. Tendrán tiempo para reflexionar y decidir si vuelven a creer y hacer campaña para que ganen elecciones quienes les mintieron.

No es cosa menor lo que les hicieron, porque los recibieron, se sentaron en mesas de supuesto diálogo, hicieron como que los escuchaban, pero al final no movieron ni una coma.

Photo by burak kostak on Pexels.com

Las y los diputados y senadores de Morena no tienen criterio ni capacidad de decisión, solo escuchan la voz y las instrucciones del presidente López Obrador.

El divorcio que provocó el gobierno con algunos que antes fueron sus aliados parece definitivo. Les quitaron los recursos y ahora los usarán electoralmente.

Ahora el gobierno y Morena se alistan para dar el siguiente golpe: desaparecer el Fondo de Salud para el Bienestar que atiende enfermedades graves como el cáncer, VIH, trasplantes, entre otras.

Es decir, van por 101 mil millones de pesos más para ocuparlos en los caprichos presidenciales.

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