Charlie Hebdo: el derecho a blasfemar

Julián Andrade

Hace cinco años me detuve en momento frente a la entrada de la redacción de Charlie Hebdo. Oficiales de la policía hacían guardia en lo que era un monumento de flores, de dibujos, tarjetas y mensajes.  

Días antes, los hermanos Cherif y Said Kouachi ingresaron en las oficinas y al grito de “Alá es grande” accionaron sus fusiles Ak-47 contra los integrantes de la redacción, matando a 12 personas y que se extendería a la toma de rehenes en el Hyper Cacher de la Port de Vincenne.

Afuera del edificio de Charlie Hebdo. Foto: El Bastión de Papel

París, en horas, transformó su rostro y se convirtió en Charlie. Los resortes liberales de la sociedad francesa funcionaron y convocaron a los representantes de las democracias para mandar el mensaje de que el terrorismo nunca derrotará ni la felicidad ni al humor, que el trabajo de la prensa, del periodismo, es uno de los pilares de un mundo que sería mucho peor sin periodistas.  

Un lustro después, este miércoles, inició el juicio en contra de las 14 personas que les prestaron auxilio a los Kouachi y a Amény Coulibaly, y que, por ello, participaron en uno de los ataques terroristas más impactantes y crueles en la historia de Francia.

Los terroristas querían silenciar una publicación que consideraban réproba por publicar dibujos de Mahoma. La irreverencia de los caricaturistas, había sido leída como un ataque a los sectores islamistas más radicales. 

Los hermanos Kouachi, quienes morirían horas después del ataque, eran ciudadanos franceses. Vivían en las afueras de París y es ahí donde fueron adoctrinados bajo un discurso de intolerancia y odio. Las privaciones, sin duda reales y duras, eran el catalizador de la guerra que algún día tendrían que emprender contra los infieles.

Manifestación en París, 2015. Foto: El Bastión de Papel

Esto perturba, porque el enemigo está más cerca de lo que parece y se alimenta de los errores y las omisiones de las sociedades democráticas, de su desigualdad.

Los acusados seguramente serán sentenciados a condenas muy larga, porque las indagatorias son sólidas y se desprenden de los 117 tomos de peritajes, testimonios, estudios y pruebas

El fondo del litigio, sin embargo, es la libertad de expresión y uno de sus linderos: el derecho a la blasfemia.

Las sociedades democráticas y de derecho, tienen que proteger las libertades y dejar claro a los intolerantes violentos que no hay espacio para su acción pública porque es criminal.

Este martes, la revista Charlie Hebdo volvió a publicar las caricaturas que desataron la furia de los fanáticos. Lo hacen como una reivindicación de su presencia y como un homenaje a los colegas que fueron asesinados.

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