De caminos y ferrocarriles

Leonardo Báez Fuente.-

Ayer regresé de un viaje de trabajo por el Bajío y al llegar a las abusivas y dobles casetas de peaje de Palmillas, saliendo del libramiento de Querétaro para incorporarme a la autopista a la Ciudad de México me encontré con un espectáculo atroz, un embotellamiento enorme causado por obras mal señalizadas. (Lo anterior no es novedad, el día en que esté terminada la Autopista México – Querétaro será muy buena y muy útil). Lo impresionante del embotellamiento es que la mayoría de los vehículos detenidos eran tráilers que detuvieron la vía hasta en tanto nos dejaron pasar.

El resto del camino estaba en sus manos, los tractocamiones y sus variantes de remolque ocupaban los tres carriles de circulación de la autopista moviéndose paquidérmicamente a velocidades menores de las permitidas y bloqueando el tránsito de manera sumamente peligrosa para los demás usuarios.

Todos esos camiones tienen algo en común: Mueven toneladas de mercancías de un lado a otro del territorio nacional. Esto se deriva de un problema de infraestructura básica del país: la escasez, secuestro y falta de ferrocarriles útiles para mover grandes volúmenes de carga para cumplir con las necesidades de consumo de casi 130 millones de habitantes.

Los ferrocarriles en México son motivo de mitificación por el papel que jugaron en la Guerra Civil de 1910 a 1934, así como orgullo del porfiriato. Sin embargo su expropiación por parte del cardenismo, las huelgas de los 50 y su depauperación los llevó a ser adquiridos por la iniciativa privada, misma que desechó diversos servicios y ramales por poco rentables e hizo que el ferrocarril en México sólo sea usado en proporción menor a su auténtico potencial como detonador del progreso económico del país.

Es algo tan simple que se nota: El transporte masivo de personas o volúmenes abarata notablemente sus costos al hacerse en convoyes ferroviarios, porque con una o dos locomotoras se pueden mover gran cantidad de furgones de pasajeros y de carga, plataformas, tolvas, góndolas y pallets, donde se puede cargar varios contenedores marítimos, mientras que un tráiler sólo puede cargar dos a la vez y eso con un remolque extra.

La ciudad de México es una muestra del absurdo de no tener un sistema ferroviario de carga y pasajeros racional: La estación central de carga se encuentra en Pantaco y no está interconectada con el Mercado Central de Abastos en Iztapalapa.

Ver un mapa ferroviario mexicano es de tristeza, dado que pasa por poblaciones que poco o nada que ver tienen ya con el crecimiento económico nacional y no une puntos importantes entre sí.

Tenemos un gobierno que está construyendo un ferrocarril que une a la nada con la inexistencia, pues darle la vuelta a la península de Yucatán para conectarla con Palenque (de todos los lugares) no crea lazos comerciales importantes para todo el país. El ferrocarril tiene que renacer para impulsar la economía interconectando al país, no como un juguete de un niño en plena senilidad.

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