Ojo: ese dinero no llega a los cubanos

Rubén Cortés.-

El anuncio de la 4T de ayudar a sus guías ideológicos de La Habana con el programa Sembrando Vida fomenta el trabajo esclavo, pues lo que hace el régimen es recibir dólares y pagar una minucia en pesos cubanos, que ni siquiera en la isla valen un cacahuate.

Puede tener quizá buenas intenciones, pero el gobierno mexicano viola sus propios preceptos de que el dinero de sus programas sociales sea entregado directamente a los beneficiarios, sin intermediarios, para impedir que alguien se los robe por el camino.

Los jóvenes cubanos serán tratados como personas de segunda en comparación con los jóvenes mexicanos, pues éstos sí reciben en mano los cinco mil pesos mensuales por Sembrando Vida, pero no aquéllos. El gobierno mexicano tiene el deber moral de impedirlo.

Porque la 4T “humanista”, “pro pueblo bueno” y “anti corrupción”, entregaría dólares de nuestros impuestos al gobierno cubano por Sembrando Vida, y el gobierno cubano se quedaría los dólares y les da una bicoca en pesos cubanos a sus jóvenes. Y eso, si se los da.

Se estaría sometiendo, pues, el gobierno mexicano, a una ley inhumana de un gobierno extranjero, que lucra con la miseria que fomenta entre sus ciudadanos, al prohibirles la propiedad privada y la libertad de empresas para poder procurarse sostén ellos mismos.

Aunque ya lo hizo al contratar durante tres meses a un grupo de médicos cubanos en 2020, por los cuales le pagó al gobierno cubano 10 mil 700 dólares por médico, pero éstos recibieron solamente 220 dólares al aterrizar en La Habana.

El gobierno cubano hace lo mismo con las remesas que envían los emigrados a la isla: las recibe en dólares y se las da en pesos a los familiares; y con los empleados en la isla de empresas extranjeras: recibe los dólares y les da pesos a los cubanos. Esclavitud, pues.

Y, al apoyar ese sistema de oprobio, el gobierno mexicano impulsa el bloqueo interno que sufren los cubanos desde 1959 y que les impide elegir a quién los gobierne, expresar sus opiniones y salir y entrar libremente del país.

Lo notable es que el presidente apoye ese sistema de oprobio, siendo que ganó unas elecciones libres aquí. Es decir, considera a los cubanos personas de segunda, que no merecen los derechos ni la libertad de la que sí gozan quienes lo eligieron a él.

Para justificar su decisión política y su posición ante la historia, el presidente alude al “bloqueo a Cuba”, que es un “embargo comercial” provocado porque, en 1960, el gobierno comunista no le pagó a empresarios 10 mil millones de dólares por expropiarlos.

Pero los hechos ahí están: está apoyando la esclavitud en pleno siglo XXI.

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