De nacer después del 68

Leonardo Báez Fuente.-

Sí existe un mito en el México contemporáneo que ha llegado al grado de dogma irrefutable es el del movimiento del 68. Conforme a su hagiografía, ya casi oficial, el movimiento fue un parteaguas en la historia nacional y es el origen de todo lo bueno y santo que ha ocurrido en este país desde esas fechas; sin embargo, la historia es malvada y no acepta interpretaciones de santificación sino que se remite a los hechos probados, mismos que siempre terminan por desmitificarlo todo y hundir las narraciones de los creadores de mitologías en el lugar donde deben estar: en los terrenos de la ficción.

De la simple lectura del calendario del año 1968 se aprecia que el origen del “movimiento” fue a finales de julio y para el 18 de septiembre, con la ocupación militar de los campus de la UNAM y del IPN, ya estaba prácticamente liquidado (aunque hasta principios de diciembre y en la prisión decretaron sus “líderes” la conclusión del mismo, lo que mueve a risa o a pena ajena), por lo que decir que un movimiento netamente capitalino  de menos de dos meses que nunca propuso nada concreto, fue un cambio radical en la mentalidad de los mexicanos es una afirmación delirante y absurda.

Ahora bien, en menos de un mes después delos hechos de Tlaltelolco se liberaron a muchos de los detenidos de ese día, los demás fueron juzgados, condenados y posteriormente amnistiados. Muchos se exiliaron brevemente del país (sin poder aclarar jamás de dónde salieron los recursos para su manutención en el extranjero) para regresar a México para integrarse a la burocracia del echeverriato, a los partidos políticos paraestatales que se fundaron después de 1977. al periodismo “plural” (aunque controlado por la infausta PIPSA), o  a la burocracia universitaria, lugares desde donde han parasitado los presupuestos a lo largo de sus vidas.

Han pasado 53 años desde los hechos del 68. Sí hacemos cuentas, quienes participaron en ellos frisan entre los 67 y los 80 años y han vivido de su martirologio desde ese entonces, su vida se ha enfocado a chantajear moralmente a la sociedad mexicana con ello y han vivido de las contribuciones y los subsidios gubernamentales desde esas fechas. Su mitología permeó en las  aulas universitarias de todo el país creando la  idea de que en 1968 el país vivió una revolución frustrada por la malvada represión ordenada por el psicópata que teníamos como presidente (exitoso donde los hubo) y que por ello ahora campea el mal del aspiracionismo y el neoliberalismo enemigos naturales del pueblo bueno, pobre y sabio, digno de protagonizar películas de Pedro Infante.

La verdad sea dicha, tanto Díaz Ordaz como Marcelino García Barragán aceptaron su responsabilidad en los hechos y no negaron nada de lo que hicieron. Echeverría y sus demás cómplices se callaron y  cooptaron a los participantes por medio de plazas burocráticas, donde hasta el día de hoy siguen causando mayores males al país.

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