De presunciones y persecuciones

Leonardo Báez Fuente.-

La presunción de inocencia fue la garantía individual olvidada por los constituyentes de 1917. El afamado principio de que todo mundo es inocente hasta que se prueba lo contrario brilló por su ausencia en la Constitución vigente, hasta que en un muy poco comentado acto de brillantez humana y legislativa del gobierno de Vicente Fox se reformó la Constitución y se incluyó como derecho humano fundamental en las leyes mexicanas.

El ignorar por tantos años este derecho toral de los individuos frente a las autoridades fue siempre el pretexto que tuvo el gobierno mexicano para perseguir delincuentes y disidentes, ya que al dejar que una persona tuviera que probar su inocencia y que la inmunda, burocrática e inútil figura del Ministerio Público no estuviera obligada a probar las afirmaciones sobre la culpabilidad de los acusados por la comisión de los delitos hacía mucho más fácil a los poderes ejecutivos (de los cuales dependía el Ministerio Público como “representante de la sociedad”) imponer el terror a la población.

Lo anterior se explica porque entre 1917 y 1940 la constante oposición armada a los gobiernos revolucionarios les impedía investigar debidamente los delitos, por lo que optaron por determinar que quien tenía que probar que no había cometido delito alguno era el acusado y no la parte acusadora, dependiente del presidente o de los gobernadores de las entidades federativas, quienes jamás se equivocaban al señalar como delincuente a quien se les ocurriera.

Sin embargo, esa idea de presunción de inocencia es notablemente combatida por la Transformación de cuarta que desgobierna al país, ya que considera que sus opositores deben probar que son inocentes de las imputaciones y acusaciones que se emiten cada mañana el púlpito de predicador en donde López se dedica a vomitar su odio a cualquiera que no se someta a sus caprichos, generando cortinas de humo respecto de su infame desgobierno y buscando que las autoridades de investigación de delitos condenen a quién él señale como delincuente.

Foto de Sora Shimazaki en Pexels.com

Lo anterior cuenta con el total apoyo del antiguo policía que ahora dice ser, en su senectud, Fiscal General de la República. Alejandro Gertz, por congraciarse con la presidencia, da vuelo y cabida a las más disparatadas acusaciones que hace López hacia sus enemigos, basadas en las declaraciones de supuestos testigos protegidos por su cooperación, mismos que no sustentan nada más que las filias, fobias, rencores y paranoias del habitante de Palacio Nacional hacia quienes jura que pretenden arrebatarle su juguete llamado México.

La persecución a Ricardo Anaya se enmarca en dichos despropósitos, únicamente para demostrarnos que para los miembros de este desgobierno las leyes que no les gustan no existen y que la persecución selectiva de la disidencia es su carta fuerte como política. Todos sabemos que las izquierdas mundiales siempre han sido represivas y persecutoras de sus opositores: el priismo antiguo lo fue, el neopriismo lo fue y el priismo retardatario, gerontocrático y paleontológico que nos desgobierna lo es. Bienvenidos al gulag macuspano.

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