De supuestas y reales catástrofes

Leonardo Báez Fuente.

El 13 de agosto pasado, López pidió perdón a “los pueblos indígenas” (sepa Dios a quienes considere como tales)  por la “catástrofe” de la Conquista de Mesoamérica.  Aunque esperaba que se proclamara Huey Tlatoani y ordenara el sacrificio de los expresidentes en su pirámide de tablarroca, eso no ocurrió (por ganas no quedaron) y ahora tenemos un elemento más para seguir adelante con el deleznable mito chilango de que la caída de Tenochtitlán fue el fin del paraíso ancestral mexicano y el inicio de las desgracias nacionales.

Es evidente que los intelectuales orgánicos de este desgobierno no estudiaron historia más que en los libros de texto gratuitos, en donde señala que el periodo del virreinato fueron trescientos años en que no pasó absolutamente nada más que el “saqueo” que los españoles hicieron de las míticas riquezas del país y la imposición de un supuesto Apartheid basado en el sistema de castas, en donde sí se tenía más sangre indígena o negra peor le iba a uno.

Nada de esto es más que una colección de falacias. La verdadera historia de la conquista de la Nueva España (con perdón de Bernal Díaz del Castillo), fue la que se hizo durante esos tres siglos y que abarcó la mayor parte del actual territorio nacional, partes de Centroamérica, las islas Filipinas y gran parte del oeste de los Estados Unidos. Los españoles conjuntamente con contingentes indígenas del centro del país fueron conquistando hacia todas las direcciones fundando ciudades alrededor de fortalezas, minerales o de misiones evangelizadoras que no solo extendían el catolicismo sino que integraban a las poblaciones nómadas al ámbito de la civilización occidental.

Foto de Alex Azabache en Pexels.com

Para muestra de ello sólo se necesita revisar el nombre de la mayor parte de las ciudades mexicanas; casi todas ellas están nombradas como sus pares hispánicas o tienen nombres en español. Cuando existió el imperio de la Triple Alianza no existían Veracruz, Puebla, Santiago de Querétaro, Salamanca, León, San Miguel el Grande, Guadalajara, Valladolid (hoy, Morelia), Durango, San Luis Potosí, Mérida, Reynosa, Monterrey, Saltillo y demás ciudades tan o más mexicanas que la Ciudad de México que a su vez es notablemente española en su trazo y monumentalidad.

Ahora bien, el sistema de castas siempre fue más un asunto de pintores que de realidades. La inscripción de un niño como blanco criollo en los registros parroquiales, para que no tuviera la marca de infamia de descender de esclavos negros (los indígenas eran súbditos libres de la corona castellana y por ende, no sometidos a la esclavitud) se solucionaba con el simple y corrupto método de darle una propina al sacristán de la iglesia para que lo hiciera y no pasaba nada.

De lo anterior se desprende que la catástrofe argumentada por López es de sus muchas mentiras absurdas derivadas de su notable incultura. Porque sí de catástrofes se hablara actualmente nos encontramos sumida en una que inició en julio de 2018 y que parece que no tendrá fin.

Un comentario sobre “De supuestas y reales catástrofes

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  1. Nah! Sólo los tlaxcaltecas eran “libres”. La corrupción es herencia hispana, sin duda. Y en todo caso.. son pocas las ciudades que conservaron su noble nombré árabe de la heroica ocupación árabe. Dónde si había libertad.

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