El devastador efecto Beirut

Julián Andrade.-

Hace un año, el 4 de agosto de 2020, una explosión destruyó el puerto de Beirut y parte del centro de la ciudad. El saldo fue de 214 muertos y seis mil 500 heridos.

El desastre más grande y dolorosos en Líbano, un país lleno de desastes grandes y dolorosos.

El daño propició una catástrofe política, social y humanitaria que tienen sumido a Líbano en una situación por demás sombría.

Los daños han sido cuantificados por miles de millones de dólares por las Naciones Unidas y parece difícil que se cuente con los recursos suficientes para la reconstrucción en el corto plazo.

Para colmo, las investigaciones no han dado los resultados esperados y los intentos de inhabilitar a los funcionarios que actuaron de modo omiso, no ha prosperado porque cuentan con inmunidad.

Lo que se sabe, es que en el hangar 12 del puerto, que estaba bajo control de Hezbolá, se almacenaron 2 mil 750 toneladas de nitrato de amonio que habían sido incautadas al navío mercante MV Rhosus que, procedente de Georgia, se dirigía a Mozambique en 2016.

La embarcación pertenecía a un empresario que tiene lazos con el gobierno de Siria y que inclusive ha sido señalado por sus negocios con el Estado Islámico, uno de los grupos terroristas más poderosos.

Un juez ordenó al almacenaje y ya nadie, en teoría, se ocupó del asunto.

Después ocurrió la tragedia y desató múltiples crisis, entre ellas las de la gobernabilidad. Quizá por ello, el año transcurrido no ha tenido reposo para los libanés, quienes padecen penurias económicas, que se potencian por la ausencia de gobiernos estables.

Es como una especie de rompecabezas, en el que las piezas han ido ajustándose, pero para mal. Es una ventana por la que se puede observar el daño que causan las malas decisiones y la incapacidad para procesar los problemas. Si no es un estado fallido, al menos es su antesala.

El diario Libération de París publicó un reportaje en el que habla de la serie de muertes sospechosas que se han dado alrededor de las indagatorias.

Son pinzas de poderes diversos que no quieren que lo ocurrido se esclarezca y mucho menos que se castigue.  Muchas cuestiones que permanecen en las sombras.

El problema es que el daño social causado no tiene reversa, aunque paradójicamente tendrán que ser los ciudadanos los que busquen alternativas, exijan justicia y no permitan que hechos como los de hace un años se repitan. Por el bien de Líbano y, de paso, del mundo entero.

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