De las venganzas contra la historia

Leonardo Báez Fuente.-

Cuando se restauró la monarquía británica en 1661, después de la dictadura de Cromwell, Carlos II sólo se tomó una venganza personal contra quienes mataron a su padre: Desenterró los cadáveres de los líderes de la Revolución inglesa, los ejecutó públicamente y los despojos los exhibió como traidores (castigo usual de la época). Sin embargo y en un alarde de realidad, no hizo nada en contra de los beneficios y beneficiados de la dictadura e hizo que se viviera una época de paz interna sin represión de ninguna especie. Esta lección nunca ha sido debidamente aprendida por los gobiernos posteriores que ahora hacen alarde de la vindicta pública en aras de ocultar sus constantes fallas.

Desde que inició el siglo XXI en todos los países que sufrieron de diversas dictaduras han decidido cobrar venganza en contra de ellas, no obstante que hubieran terminado treinta o cuarenta años antes de que los nuevos gobernantes llegaran y que durante ellas fueran niños o ni siquiera hubieran nacido. Así vemos el revanchismo del izquierdismo en contra de la dictadura franquista (liquidada en 1976), la dictadura de Pinochet en Chile (liquidada en 1990) o las dictaduras argentinas de los años 70 (liquidadas en 1982), apoyándose en un populismo desastroso y que con ello buscan impedir que la gente vea las realidades de su usual desgobierno, buscando incluso juzgar y condenar a los muertos que ya nada pueden hacer o hacerles.

¿En México qué sucede? Exactamente  lo mismo: el actual desgobierno ha decidido de manera por demás absurda realizar una consulta pública con una pregunta laberíntica para hacer cumplir la ley en contra de los expresidentes que  más odian en su rencoroso corazón. Quieren ver las cabezas clavadas en una pica de los antiguos presidentes a fin de saciar su resentimiento de no haber tenido en sus manos al país desde 1988, cuando fueron expulsados del paraíso presupuestal en donde sus parrandas ya no fueron financiadas con las contribuciones.

Estos resentidos echeverristas buscan culpables de su situación de exiliados de las nóminas gubernamentales, en donde nunca pudieron acceder de nuevo al mando, y cuando lo hicieron en niveles menores de gobierno, demostraron su notoria incapacidad, opacidad, ilegalidad, corrupción y estupidez como administradores de la cosa pública.

Determinar responsabilidades penales es un asunto que jamás se debe someter a la opinión de los votantes por ser una de las funciones esenciales de los gobiernos y se debe fundamentar y motivar en pruebas firmes, concretas e indudables para acusar sin el menor asomo de duda a los expresidentes.

Hoy no veo a los “Defensores de los Derechos Humanos” oponerse a semejante despropósito que viola sin atenuantes esos derechos que tienen todos los acusados por la comisión de cualquier delito, porque ya lo sabemos, éstos idiotas útiles solo sirven para aupar a sus protegidos de izquierda a las posiciones de poder y olvidarse que los Derechos humanos son de todos nosotros. Nos volvemos a enfrentar con la venganza de los resentidos.

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