Del terror nuestro de cada día

Leonardo Báez Fuente.-

La estrategia implementada por el gobierno federal en contra de la delincuencia  no funciona. Esta verdad, pesada como una loza, es por demás evidente y sólo la ceguera gubernamental impide buscar soluciones a una situación que se ha podrido desde hace muchos años.

Desde los años 80 empezamos a sentir el peso de la delincuencia en México, derivado de las acciones de los gobiernos de la Docena Trágica, mismos que dejaron que la delincuencia tomara posiciones muy altas dentro del gobierno, con base en compadrazgos y relaciones familiares. La explosión delincuencial que nació de la fallida Renovación Moral del gobierno de Miguel de la Madrid fue de tal magnitud, que la volvió incontrolable, puesto que las policías se encontraban tan unidas a la delincuencia que era imposible perseguir a la última sin atacar a la primera dada la simbiosis existente entre ambas.

En los sexenios de Salinas de Gortari y de Zedillo se optó por una solución peor: La supuesta protección a los “Derechos Humanos” de los delincuentes, la que sembró la parálisis total de cualquier operación represiva en contra de los criminales, volviéndolos intocables.

Cabe recordar que los “defensores de los Derechos Humanos” nacen en Latinoamérica como consecuencia de la represión que sufrieron los universitarios cuando trataron de iniciar sangrientas y suicidas revoluciones y las dictaduras militares que como consecuencia surgieron a raíz de ello, los reprimieron con la brutalidad propia de quien persigue malhechores y no a “mártires de causas nobles y justas”. A la fecha siguen medrando de los presupuestos gubernamentales con el argumento de su victimización o su inclusión en los gobiernos democráticos posteriores, donde hasta el día de hoy siguen causando desastres al por mayor, al impedir la persecución de los delitos.

En los doce años del panismo en donde Fox optó por ignorarla y Calderón trató con medidas tardías y fallidas de combatirla, la delincuencia siguió creciendo en forma desmedida e infiltrándose a través de la oposición priista y de “izquierda” dentro de todos los ámbitos gubernamentales, creando cacicazgos y tomando el control total de estados completos.

El regreso del priismo anuló las medidas de combate para enfocarse en recuperarse de los años de corrupción impedida y mientras tanto los hijos del echeverriato formaron a la fuerza política que representa a lo más rancio de la delincuencia política y ordinaria del país: MORENA con su cacique López, quien al asumir la presidencia determinó que a la criminalidad nunca más se le deba perseguir y se hace presente como un lacayo de ella.

Los resultados saltan a la vista: operaciones venales, pérdida del control sobre regiones enteras del país, sometimiento expreso de las autoridades a los barones del delito y lo peor, dejar inerme, cautiva e inerte a la población mientras que desatan la persecución sobre cualquier opositor al inmundo régimen que están creando con sus mañas de porros universitarios. El terror ha caído sobre nosotros y no existe modo alguno de huir de él.  

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