De la vocación delictiva nacional

Leonardo Báez Fuente.-

Todos los gobiernos mexicanos desde el siglo XX han tenido vocación delictiva. Es natural: son el derivado de una guerra civil (me niego a llamarla Revolución) en la cual la delincuencia organizada de la época tuvo un papel fundamental.

El porfiriato fue brutal en su política de represión a la criminalidad tanto urbana como rural, aunado a ello, las leyes de la época eran altamente restrictivas respecto a la organización obrera y agrícola al comparar a los sindicatos con organizaciones criminales. Desde 1910 las aperreadas bandas de delincuentes de la época se unieron para formar los ejércitos que pelearon contra el malhadado ejército federal. La guerra civil dio cause a que bandidos, vividores y vagos de toda calaña se volvieran generales y se dedicaran a rapiñar impunemente el país.

Asimismo, los gobiernos emanados de la guerra crearon una estructura de gubernamental basada en la rapiña como forma de vida: La extorsión y la corrupción administrativa, las expropiaciones que no se pagan a la toma de posesión por parte del gobierno de los bienes de particulares; la propiedad privada como una graciosa concesión del gobierno a los demás, la indefinición de la propiedad rural, el monopolio de la persecución de los delitos a favor del gobierno (la Iglesia en manos de Lutero) y la inexistencia de la reparación del daño a la víctima, salvo que ella fuera el gobierno mismo.

Esta mentalidad de impunidad nunca se eliminó del todo de la psique nacional. Las leyes punibles son sólo acaso sugerencias de buen comportamiento y la represión de los delitos fue transformada en un embrollo burocrático a cargo de los poderes ejecutivos locales y federal a través de la inútil figura del Ministerio Público, un burócrata tras un escritorio llenando formularios y carpetas interminables, mientras que la persecución de los delitos debe ser llevada a cabo por las hoy conocidas Policías de Investigación, mismas que no investigan ni dónde se encuentra el sanitario de su casa.

Aunado a lo anterior nuestros partidos políticos, con base en esa forma de rapiñar a los particulares, han sostenido siempre la necesidad de no alterar el estado de cosas y promover los delitos como si fuera justicia social (la más injusta de las justicias), apareciendo siempre que esos políticos suelen ser delincuentes por sí mismos. Mientras más de “izquierda” es el político, más notable es su vocación de delincuente y México siempre ha amado a sus criminales.

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