Del origen del desastre educativo nacional

Leonardo Báez Fuente.-

La aparición del libro de texto gratuito en los años sesenta del siglo pasado, con su tríada de unicidad, gratuidad y  obligatoriedad, se presentó como uno de los grandes triunfos “revolucionarios” de los gobiernos del priismo. Al paso de los años, se ha podido apreciar realmente que fue una victoria pírrica, ya que de su análisis se desprende que cada uno de ellos ha sido diseñado cada vez para hacer más ignorantes a los alumnos y darle a los “maestros” (si, entre comillas, por sólo ser en su mayoría burócratas educativos más interesados en llenar formas que dar educación de calidad) la comodidad e impunidad que la poltrona burocrática otorga a sus elementos.

Al leerlos se denota una notable pereza autoral y rezuman de  pobreza de conocimientos para impartir a los estudiantes nacionales, ya que sólo sirven para que el alumno pueda resolver los exámenes estandarizados para llenar las estadísticas de la burocracia educativa, lo anterior, amparado y encubierto por los diversos sindicatos magisteriales que sólo han servido para mover grilleramente a la borregada magisterial.

Aunado a lo anterior, en carácter de libros únicos y obligatorios implica que no puede existir disenso sobre sus contenidos, lo que en ellos se plasma es como sí estuviera escrito en piedra y nada puede opinarse en contra de ellos. Los peores siempre fueron los que trataron de Historia Nacional y cuyo nombre cambia conforme la ideología del Secretario en turno decida.

Idealizar a la historia es una de las peores maneras de hacerla mentir y sin embargo, todas las generaciones que hemos vivido en el país desde la década de los setenta del siglo XX pasamos por conocer y no estudiar, una versión de la historia nacional falseada y acoplada a los gustos del señor presidente en turno. Esto no ha parado desde 1959.

El resultado es atroz en todos los campos. Se ha causado que los alumnos mexicanos sean los peores en las pruebas PRISA, en especial en el área de ciencias exactas. No quisiera siquiera valorarlos en el manejo del idioma español, ni en historia general, misma que conocen por esos malhadados libros y sostenida por un nacionalismo imbécil y ramplón que los medios de comunicación promueven y exaltan de manera desaforada. En este punto estamos en un círculo más profundo dentro del infierno.

El desastre educativo está servido.

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