Medio país a modo para Yo el Supremo

 Rubén Cortés.-

Que el gobierno pague cuatro mil pesos a jóvenes por embrutecerse, abona a que el presidente pueda decir (sin provocar polémica) que no se vacuna contra el Covid para no ser privilegiado, pero que se curó del Covid con un tratamiento para privilegiados.

En un gobierno como el actual (inclinado por la rigidez del ordeno y mando y por la cancelación del debate público), es natural que se fomente el desgano por la capacidad para razonar, y que las decisiones sean acatadas sin el menor asomo de discrepancia.

Es por eso que hasta parece política pública (como indica el informe más reciente del Coneval sobre los apoyos financieros del gobierno a jóvenes) el fomento a la burrada y el castigo a la búsqueda de la superación.

Porque según Coneval, este gobierno reparte cuatro mil 310 pesos mensuales a jóvenes que no estudian (a través del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, y dos mil 400 a través del programa Escribiendo el Futuro.

Se trata de un absurdo premio oficial a la pereza, porque muchos estudiantes universitarios prefieren desertar de sus estudios para irse a sentar a su casa a instagramear, oír reguetón, y esperar tranquilamente sus cuatro mil 310 pesos regalados.

Un situación gravísima en un país que, desde hace tiempo, no se destaca por la vocación de superación de las nuevas generaciones. Por ejemplo, 35 por ciento de los estudiantes mexicanos de 15 años carece de habilidades para matemáticas, lectura y ciencias.

En el más reciente examen PISA, sólo uno de cada 100 estudiantes mexicanos se colocó en niveles altos de desempeño en los exámenes de matemáticas, lectura y ciencias. Y, en entre todos los países miembros de la OCDE, México es el último en educación.

Al comparar el desempeño en educación de los 36 socios de la OCDE, México es el peor evaluado: lugar 36 en lectura, matemáticas y ciencias. Además, sólo tres de cada 10 están dentro del estándar de lectura y comprensión, según datos de la SEP.

Es un terreno muy fértil para crear una sociedad dócil, apocada y sin capacidad para razonar ante el mal desempeño del gobierno: el tipo de sociedad del que se nutren los regímenes populistas, para establecer sistemas autoritarios sin contrapesos en la sociedad.

Tan avanzada en ese camino fatal se encuentra ya una parte del país, que los ciudadanos gastan apenas 500 pesos en libros al año, pero tres mil pesos en alcohol y cigarros al mes, según una encuesta reciente del Inegi.

Quiere decir que muchos están condenados a ser presa del encantamiento del populismo y de su comunicación facilona, que se ceba en quienes no desean esforzarse por pensar, y prefieren escuchar soluciones fáciles.

La ruina.

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