Las juntas de redacción

Julián Andrade.-

Desde hace unos días pienso en aquellas juntas en las redacciones, ahora imposibles por las restricciones que impone la pandemia. Si bien las plataformas tecnológicas y digitales permiten el trabajo a distancia, creo que no sustituyen aquellos encuentros en los que se define la portada del día, cuando se trata de medios impresos, o el teaser en televisión y en la radio.

En algunos momentos se realizaban entre las brumas del cigarro y las fiebres de esas agitaciones que provienen de los momentos de batalla, de esas horas en las que se sabe que algo grande se está cocinando y que no hay que perdérselo.

La clave de las juntas es que son, siempre lo han sido,  espacios de deliberación en los que se perfilan e inclusive se pulen las notas de importancia, se rescatan ángulos y se alerta sobre errores potenciales.

Son momentos tensos también y ello tiene mucho que ver con el humor de los directores y editores, siempre bajo la presión de múltiples variables entre las informaciones, los negocios y la viabilidad misma de las empresas periodísticas. Ángeles y demonios participan sin un  papel concreto.

Foto de Skitterphoto en Pexels.com

Durante muchos años he participado en redacciones, y en las juntas en las que se definen las portadas y hoy sé con certeza que aquellas horas de discusión, en las que nunca faltaron las angustias, resultaron un ejercicio de aprendizaje inigualable.

Tiene algo de mágico, porque si se observa con distancia, parecería imposible o poco factible que de aquel caos que es la información cotidiana surjan productos con coherencia y que los talentos y los egos superen sus propios afanes para concentrase en una obra que es colectiva por necesidad.

Pero de eso justamente trata el periodismo, de filtrar y de elegir para presentarle al lector una publicación o un programa que le dé elementos para la toma de decisiones o inclusive para documentar sus propios espantos, como los de épocas tan duras e inciertas como las que ahora transitamos.

Esta tarea, que no tiene nada de simple, es la que tanto molesta a los poderosos, porque no hay nada más inquietante que la mediación que establecen los periodistas entre quienes gobiernan y los ciudadanos. Esto es así, porque el periodismo, el que está bien realizado, se ocupa no solo de los hechos, sino de las consecuencias de estos y verifica la verosimilitud de lo que se dice y se cerciora de lo que se hace.

Ignoro como los medios de comunicación saldrán del trance en el que se encuentran, pero estoy convencido que el periodismo es más necesario que nunca, sobre todo porque es una de las piezas centrales de la democracia y su viabilidad.

Mientras tanto, no viene mal un poco de memoria, ante la certeza de que existe una riqueza profesional en los medios de comunicación y que sabrán (sabremos)  sortear con inteligencia y elegancia, esta etapa, la que significa la cobertura más importante de nuestras vidas.

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