Del desastre constitucional

Leonardo Báez Fuente.-

El 5 de febrero es día de múltiples celebraciones oficiales relativas el aniversario de la promulgación de la Constitución.

A ciento cuatro años de haberse promulgado, la Constitución vigente ha devenido en un catálogo de buenas intenciones, un instrumento legal poco efectivo y una manera absurda de organizar al desgobierno en el que estamos, todo esto amalgamado por ideologías y caprichos diversos del estilo personal de gobernar de cada uno de los presidentes desde 1917.

El resultado actual es desalentador por decir lo menos. Lo que en algún momento era un ordenamiento jurídico congruente, es ahora un desastre legislativo en  donde se reconocen (antiguamente, otorgaba, cómo sí el ser humano no fuera por naturaleza receptor de derechos derivados de su existencia) infinidad de derechos a los habitantes del país, mismos que no obstante existir, no pueden ser ejercidos debidamente por la existencia de leyes secundarias que tienen como finalidad, a través del burocratismo y la mala fe, que esos derechos jamás puedan ser hechos valer sino a través de procesos y procedimientos confusos y enredados para disuadir hasta al abogado más experto de intentarlos.

En estos tiempos de pandemia la constitucionalidad se ha ido al carajo. Sí los derechos eran complicados para hacerlos valer, la Transformación de Cuarta que nos desgobierna ha buscado hacer imposible que el habitante los ejerza: La arbitrariedad priva en razón de los caprichos gubernamentales y el actual e injustificado cierre de las instancias de justicia hace que estemos totalmente desvalidos ante el abuso y la sevicia con la que el desgobierno actúa frente a todos. Parece que para ellos la Constitución y las leyes que de ella emanan sólo sirven para  lograr que se imponga en el país la voluntad de un grupo de facciosos  y facinerosos amparados por su ideología y protección del poder ejecutivo.

Aunado a lo anterior y dado que la Constitución justificó jurídicamente la creación de nuestro sistema de chisguete, con políticas socialistoides y un total desprecio del individuo como la minoría más grande, estamos en el peor de los escenarios posibles: Donde una Constitución debe ser el freno del gobierno frente al individuo, nos encontramos en el caso contrario: La Constitución mexicana sólo sirve para proteger al gobierno y a sus adláteres. El peor sistema de gobierno posible.

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