Populismo y manía de grandeza

Rubén Cortés.-

Haití es el país más pobre del mundo, pero México le aporta dinero para que ponga un cohete en el espacio; el gobierno de Nicaragua exhorta a sus gobernados comer iguanas por escasez de carne en el país, pero crea un ministerio de Actividades Espaciales.

En Cuba, los diabéticos deben reciclar los aditamentos de inyección; los antibióticos sólo existen en un hospital para turistas (y pagados con Visa y Martercard, que los cubanos no pueden tener), pero Cuba anuncia que tiene vacuna contra el Covid.

Venezuela es hoy el país con mayor pobreza y desigualdad del mundo, sólo superado por Nigeria, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020, de las universidades Católica Andrés Bello, Central y Simón Bolívar.

Pero el dictador Maduro anunció en cadena de radio y televisión desde el Palacio de Miraflores (todos ellos viven en palacios) que un genio científico de su confianza halló la cura del Covid con “diez gotitas debajo de la lengua, cada cuatro horas”.

En México, la secretaria de Gobernación no usa cubrebocas contra el Covid porque (al igual que Maduro con sus “gotitas milagrosas”), se considera inmune porque “estoy blindada con gotas de cítricos que le escuché decir a una chica inteligentísima”.

Pero el México donde ella se supone que administra la política interna, es el epicentro mundial de la pandemia, registra más de 160 mil muertes por el virus y son interminables las filas para conseguir tanques de oxigeno para los contagiados.

Aunque la pasión por las esquizofrenias de los regímenes populistas está retratada desde hace años en El otoño del patriarca, una buena novela García Márquez, por cierto, un gran admirador y propagandista del populismo castrista, torrijista, sandinista…

Daniel Ortega, a comer iguanas

Pero lo de hoy en el sandinismo habría inspirado otra novela de García Márquez, con la creación del dictador Ortega del Ministerio de Asuntos Ultraterrestres y Cuerpos Celestes, y su anuncio de comprar un satélite a China en 346 millones de dólares.

Es el mismo dictador que ha pedido a sus gobernados construir en casa criaderos de iguanas para que éstas sustituyan a las vacas como fuente de carne para su dieta: al fin que las iguanas, dice el dictador, tienen un valor proteínico de un 24 por ciento.

Aunque antes había anunciado un canal interoceánico para construir una segunda ruta comercial en Centroamérica, más grande aún que el de Panamá. Pero por supuesto que se ese proyecto no hay ni una varilla puesta.

Es el estilo de la casa: ya pasó lo peor, vamos bien, el pueblo está feliz, feliz, feliz, somos el primer territorio libre de América, aquí ya no mandan los yanquis, nuestro pueblo supera todas las adversidades, patria o muerte…

Lo que la gente quiere oír, pues.

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