Los rostros de los policías y la libertad de informar

Julián Andrade.-

La policía y su control, siempre es un tema delicado en las democracias. Ahora lo vemos con la aprobación en la Asamblea Nacional Francesa de la Ley de Seguridad Global y de un polémico artículo que podría atentar contra el derecho a la información.

El texto, que ya generó movilizaciones y protestas, señala que estará prohibido difundir, de modo malicioso, imágenes de policías en acción que puedan identificarlos. Las sanciones son de un año de prisión y 45 mil euros de multa.

La legislación otorga mayores facultades a las fuerzas del orden para la utilización de cámaras y de drones.

Expertos en derechos humanos han señalado que el uso excesivo de la fuerza  por parte de las policías debe ser documentado, porque es un elemento de control y garantía de un comportamiento mesurado.

Esto ocurre, además, en el contexto de un ataque a una campamento de refugiados y de la golpiza a un productor musical, Michel Zacler, donde las motivaciones de la acción policiaca perecen tener mucho que ver con el racismo. Es evidente que la difusión de las imágenes de estos hechos, ayudó, no solo al conocimiento público y a una respuesta rápida de las autoridades.

El diario Le Monde, en una de sus editoriales, dejó en claro que hay una crisis en el propio mando jerárquico de las policías y que eso debe ser controlado por el bien de la sociedad.

En enero, el Senado tendrá que discutir la ley. Es muy probable que el Artículo 24, el centro de la polémica, sea reescrito o cancelado, debido a las enormes inconformidades de la prensa y de amplios sectores de la sociedad francesa.

Conviene, sin embargo, el detenernos un poco en otra arista del problema y es la que tiene  que ver con la protección que requieren los policías para hacer su trabajo.

Quizá la clave esté en buscar las herramientas legales de protección a los policías, de la mano de la salvaguarda de las libertades y del ejercicio del periodismo, cuya función es la de informar e inclusive la de alertar.

Hace algunos años, no muchos, en la Ciudad de México le prendieron fuego a un policía, a un granadero. Manifestantes enardecidos, decían luchar contra una represión que solo existía en sus cabezas. Lo más triste fue el amplio silencio alrededor del hecho, la ausencia de una condena a los agresores de un servidor público.

Son extremos, es verdad, pero vale la pena reflexionar, aunque las protestas, por ahora, sean en Francia.

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