El hombre que extravió su reflejo

Santino Cortés.-

Fue un miércoles por la mañana que Cruz se despertó, fue a lavarse el rostro y al mirar al espejo, no vio nada. Se untó jabón en las mejillas y los párpados, lo enjuagó e intentó de nuevo, pero una vez mas no halló nada. Decidió culpar al mal sueño de su carencia de reflejo y se metió a la ducha.

De reojo se buscaba en el tenue reflejo que solían proyectar las lozas del baño, y no encontró nada. Se sentía, podía tocar sus brazos, sus cabellos, sus nalgas, sus piernas, sin embargo, quizás no existía del todo.

Saliendo de la ducha se cepilló los dientes, como mero instinto, intentó peinarse, pero no sabía si la linea que partía su cabello para crear el copete perfecto estaba realmente en su lugar, así que decidió abandonar su lucha y peinarse hacia atrás, como siempre le había parecido le quedaba bien a Andy García cuando joven; en una de esas a él también le quedaba.

Fue a su closet y tomó una camisa rosa que su mamá le había regalado por su cumpleaños y le encantaba, pero no se había puesto por los anticipados comentarios en el trabajo: “Andas emocionado hoy”, “El rosa te queda bien, mariposa” y delas sarta de idioteces que se les ocurriera.

Después, escogió unos pantalones de mezclilla con las rodillas un poco desgastadas que no se ponía hacía ya unos años. Ese era su pantalón favorito, con él había ido a su primera entrevista de trabajo, con él había comprado su primer coche, pero ya no se lo ponía porque era un hombre adulto, ya no se le veían bien los jeans ajustados.  Se puso un par de sandalias cómodas, que solamente usaba los domingos dentro de la casa.

Foto de cottonbro on Pexels.com

 Fue de nuevo ante el espejo, para de nuevo, no encontrar ni rastro suyo. Bajó de dos en dos los peldaños de la escalera de su edificio y al salir, decidió no ir al trabajo. Caminó por las calles que conocía de memoria, siempre intentado buscarse en los espejos de los coches, pero sin suerte.

Pasó frente a un pequeño puesto de revistas y compró un cigarro, siempre había tenido pena que la gente viera que tenía un vicio, entonces fumaba solamente por las noches en la ventana de la sala, pero que más daba, si él no se veía, puede ser que nadie lo viera.

Andó y desandó la ciudad y en ninguna superficie reflejante se encontró. Cayó la noche y volvió a su departamento; con el corazón saliéndose del pecho, fue al baño, para en esta ocasión, encontrar a un sujeto parecido a Andy García cuando joven, con unos kilos de más, mal rasurado y con unas traviesas canas asomándose en las patillas. Eso sí, que bien le sentaba la camisa rosa, pero la barriga tensaba un par de botones a la altura del obligo.

Se lavó el rostro esperando que desapareciera el reflejo, sin éxito. Volvió a mirar el espejo, fue por un martillo y lo destrozó . Al carajo los 7 años de mala suerte.

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