Cuando Carpizo vigiló a Bartlett

Julián Andrade.-

En las vísperas de la marcha del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) al Zócalo, en 1987, el rector Jorge Carpizo le hizo una petición insólita al presidente de la República, Miguel de la Madrid:

–Quiero estar en la oficina de Manuel Bartlett para informarme del transcurso de las movilizaciones.

Bartlett era secretario de Gobernación y Carpizo no confiaba en él. Muchas cosas estaban en juego y no solo el futuro de la UNAM sino la propia sucesión presidencial.

La experiencia histórica demostraba como la represión del 2 de octubre de 1968 había sido utilizada por Luis Echeverría para catapultar sus apoyos, pero sobre todo para avanzar en la confianza de Gustavo Díaz Ordaz.

Las coordenadas eran distintas, porque De la Madrid no era un represor al estilo de Díaz Ordaz y de Echevarría y debido a que Carpizo tenía muy claro que solo en la tolerancia, el diálogo y la construcción democrática es como el país avanzaría.

Aquella marcha al Zócalo resultó apoteótica, porque en los hechos se recobró un espacio público para las protestas estudiantiles luego de las amagas experiencias de finales de los sesenta y principios de los setenta. Se realizó de manera pacífica y no hubo violencia alguna.

Después de todo, solo eran 20 años de diferencia los que separaban al CEU del CNH y en los que persistían demandas que trascendían a la oposición a las reformas propuestas por Carpizo y se inscribían en la convergencia de anhelos democráticos.

Alguna vez le pregunté a Carpizo sobre las posibilidades de la represión en esos días y los grupos que pudieran considerarla como una salida al conflicto universitario.

Lo creía poco probable, porque México se había transformado y lo seguiría haciendo en los próximos años, pero no quiso arriesgarse con Manuel Bartlett, prefiriendo una tarde llena de tensión en Bucareli, que un escenario de escándalo y dureza.

De lo que estaba convencido Carpizo es de que era importante estar en la oficina de la más alta responsabilidad política para evitar sorpresas, montajes o verdaderos desastres.

Jorge Carpizo. Foto: Instituto de Investigaciones Jurídicas

La violencia o la provocación habrían desbordado el movimiento y, sobre todo, despertarían a más de un viejo fantasma, cumpliendo las profecías de los más radicales.

¿El rector en el palacio de Covián cambió algo? Nunca lo sabremos, pero esa es la naturaleza de las buenas noticias.

Para Carpizo una de las prioridades era la seguridad de los estudiantes, los que protestábamos contra su paquete de cambios  y los que lo apoyaban.

Ahora que la protesta vuelve a verse con sospecha, es importante recordar lo que la sociedad ganó al paso de los años. Estoy convencido que para el CEU, para muchos de quienes lo integramos y para el propio Carpizo una de las ganancias notable de aquellos años, radicó en demostrar que se puede no coincidir y aun así establecer un diálogo cotidiano, sin dobleces.

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