Frena y el espejo en Palacio Nacional

Julián Andrade.-

Los grupos extremistas suelen ser muy convenientes para los gobiernos que buscan la polarización. Frena (Frente Nacional Anti-AMLO), acaso sin proponérselo, servirá a los intereses del presidente López Obrador, porque afianzará el discurso de que existen grupos que pretenden desestabilizar e inclusive descarriar a la 4T.

Las autoridades capitalinas cometieron el error de no dejar avanzar a los integrantes de Frena que tenían como propósito el instalar un campamento en la plaza del Zócalo, al que tenían todo el derecho. La notoriedad del suceso, adquirió una narrativa todavía más intensa por la percepción de que sufrieron represalias, cuando les quitaron algunas tiendas de campaña y un puñado de fanáticos, de los que pululan del otro lado del espectro político, los agredieron verbalmente.

Salió más caro el caldo que las albóndigas y ello quizá por la idea de que la principal plaza del país es un territorio en el que solo caben las manifestaciones favorables al proyecto político que ahora está en el poder.

Acaso por ello, el presidente López Obrador señaló que los derechos de manifestación serán preservados y que Frena se puede quedar acampado en Bellas Aretes “el tiempo que aguanten”.

Campamento de Frena en avenida Juárez

Sabe que será difícil y que en todo caso le servirá como tema para atacar a las oposiciones.

Frena, además, es producto del ambiente envenenado que se esparce desde hace 21 meses y que provoca que expresiones radicales emerjan de la marginalidad en la que se habían desenvuelto. Esto es, hay una enorme responsabilidad de la 4T en el surgimiento y avance de grupos de ultraderecha, porque se alimentan justamente de lo que ven cada mañana, de la intolerancia que campea y del intento de la narrar el presente mexicano como un tapiz en blanco y negro.

A  los dirigentes visibles de Frena los mueve una ideología antigua, muy intolerante y de corte religioso. No su prioridad la democracia, más bien buscan que termine lo que consideran una pesadilla izquierdista, aunque López Obrador y su proyecto tengan cada día menos parecido con la izquierda.

Pretenden algo que no ocurrirá: la renuncia del presidente López Obrador.

Esto es así, porque a pesar del desastre en el que vivimos, todavía existe una dinámica institucional que cierra el paso a ese tipo de ocurrencias, aunque se entienda que existan sectores de la población espantados y hasta desesperados ante lo que consideran un porvenir bastante incierto.

Insisto, Frena no existiría o carecería de relevancia alguna, si no fuera por el relato que se establece cada mañana desde Palacio Nacional, en el que no hay cabida para quien piense distinto.

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