Eraclio Zepeda, las claves de la política

Hace cinco años, un 17 de septiembre, murió Eraclio Zepeda, político inteligente y escritor sofisticado. Esto fue publicado el 21 de septiembre de hace un lustro.

Julián Andrade*

A Eraclio Zepeda lo conocí a finales de los años ochenta. Eran aquellos días, de debates intensos en la izquierda mexicana, sobre todo por la formación del Partido Mexicano Socialista (PMS) que se nutrió, en gran medida, de los militantes del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT).

Fue un esfuerzo poderoso por darle sentido y relieve a una propuesta comprometida con lo social y que al mismo tiempo tuviera posibilidades de acceder al poder, y por la vía democrática, algún día.

La candidatura presidencial se decidió por el entonces novedoso procedimiento de la contienda interna.

Eraclio se inscribió para competir con Heberto Castillo, Antonio Becerra Gaytán y José Hernández Delgadillo.

Participé en el comité de campaña de Eraclio y sobre todo en el CCH y la UNAM.

Se instalaron urnas en todo el país y resultó una jornada genuinamente democrática.

Logramos una buena votación, pero no fue suficiente para ganarle a Castillo, que en ese entonces era, y desde hacía mucho, uno de los personajes más relevantes de la izquierda mexicana.

Eraclio era un político sabio. Estaba comprometido con la construcción de una sociedad de derechos y sabía que el camino sería arduo e inclusive doloroso.

Acaso por ello decidió participar como secretario de Gobierno en Chiapas en un momento en el que el conflicto con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se mantenía latente.

Le tocó enfrentar las consecuencias, por demás trágicas, de la masacre de Acteal y sufrió las desventuras del trabajo político, cuando la realidad emerge con toda su crudeza y no deja espacio para el aliento.

Sabía que en Chiapas, su estado, se condensaban muchos de los problemas de México, por la ausencia de un movimiento revolucionario, y por el atraso social de siglos.

Eraclio Zepeda

Pero también intuía que solo con un compromiso por el cambio es como se lograrían romper las cadenas de una realidad opresiva y lacerante.

Alguna vez dijo que trabajaba para lograr que ingenieros tojolabales pudieran estudiar en cualquier lugar del mundo, hablar inglés y francés y por las noches leerles a sus hijos el Popol Vuh en maya.

Al final, y por fortuna, propios y extraños supieron reconocer el trabajo de Eraclio y su significado para la historia reciente.

Como genuino representante de la intelectualidad chiapaneca, dejó una obra que es clave en la literatura, pero escribió también buenas páginas del mejor de nuestro progresismo, de la socialdemocracia y sus oportunidades.

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