El fantasma de El Pardo que habita en el Ajusco

Julián Andrade.-

El veneno que se esparce día con día va cubriendo a muchos de los aspectos de la vida pública. Lo que dijo Paco Ignacio Taibo II al sugerir que Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín elijan entre guardar silencio o abandonar el país es un reflejo de ello.

Es alarmante, además, porque el desplante proviene del director del Fondo de Cultura Económica (FCE), una editorial que es propiedad del estado mexicano.

Taibo II nació en España en 1949. No forma parte de los refugiados de la guerra civil, aunque encontró en nuestro país el cobijo y la liberad para hacer su vida.

Esto importa tenerlo presente, porque los refugiados españoles y las generaciones posteriores, las nacidas en México, suelen ser prudentes con temas que impactaron su propia historia.

Saben –sabemos—que la libertad es frágil, como un cristal, y que hay que cuidarla día con día, que la sociedad de derechos se sustenta en el respeto a los otros y que la convivencia es una asignatura que hay que someter a examen cada que sea necesario.

Quien ahora dirige una de las editoriales más importantes del mundo, no es un tipo que se caracterice por su prudencia y si bien ello es un asunto que solo le compete a él en la esfera privada, no es así en lo que respecta a su calidad de servidor público.

Los funcionarios tienen que cuidar las palabras, no denigrar ni agredir a los ciudadanos. Esto es así, porque es una premisa indispensable para el mantenimiento del ambiente público, que en una democracia debe ser de tolerancia.

Despacho en El Pardo

Sé que esto ya no es así y que llevamos 21 meses de insultos constantes a quienes critican a la 4T, pero hay que insistir en el tema porque esto no está bien.

Nunca en nuestra historia había ocurrido que uno de los ejes de la comunicación del gobierno fuera el insulto y la descalificación.

Sugerir que alguien abandone su país porque cambiaron las condiciones del poder político es terrible y remite, aunque no quisiéramos, al éxodo de los transterrados ( como diría José Gaos), a quienes abandonaron su patria para construir otra en México, pero bajo la lógica de que su lucha solo habría fructificado en democracia y sin que la diferencia significara desatar a los demonios, esos que habitan como fantasmas en El Pardo, en Madrid,  y que ahora sueltan su aliento en el camino al Ajusco, en la Ciudad de México.

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