¿Y de quién es el vídeo que no es de Lozoya?

Julián Andrade

¿El vídeo que empezó a circular en YouTube es en realidad del caso Pemex? No lo sabemos. Lo que consta es lo siguiente: se abrió una cuenta en la plataforma a nombre de Juan Jesús Lozoya Austin. Esto bastó para que el material tuviera una impacto importante e incontenible.

Lo que se ve, por lo demás, ayuda a la narrativa sobre el despilfarro y la corrupción. Paquetes de 200 mil pesos que salen de una maleta y que se cuentan.

Hay tres personajes: El que filma la transacción y no se revela  su identidad; Guillermo Gutiérrez Badillo, quien colaboraba hasta ayer con el gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez y Rafael Caraveo, que en el momento de la grabación fungía como secretario técnico de la Comisión de Administración del Senado que era presidida por el panista José Luis Lavalle.

El hermano de Emilio Lozoya se deslindó del asunto y anunció, por medio del abogado Miguel Ontiveros, que presentará una denuncia por usurpación de identidad.

La FGR no tiene mucho margen de maniobra, porque de ser una de sus pruebas, dejó de servir y si la hubiera filtrado algún funcionario, peor aún.  Por lo pronto, señalan que lo difundido no forma parte de lo que ofreció entregar el ex director de Pemex.

¿Entonces? La respuesta hay que buscarla en la intensión del vídeo y que no es otra que la de  señalar a los ex senadores panistas. De eso se trata y en esos terrenos se  caminara por caso Lozoya, porque su utilidad legal es bastante dudosa.

Se trataba de buscar reacciones. Es como los globos sonda, se lanzan  y se ve qué es lo que ocurre. Por lo pronto, el gobernador queretano despidió a su colaborador, negó cualquier conocimiento sobre entregas de dinero y pidió que la contraloría y las autoridades competentes indaguen el asunto.

Quizá no le quedaba de otra, pero cayó en la trampa que le pusieron y elevó la relevancia que ya de suyo tenía lo mostrado en YouTube.

Los sobornos y el video

Son momento extraños, en los que la FGR está sujeta a la presión de mostrar algún tipo de resultado con el expediente Lozoya, que no suenen a puro glpeteo político, y a ello hay que añadir que al presidente Andrés Manuel López Obrador ya le urge que las pruebas se den a conocer y que sirvan como escarnio. Lo que se construye es una hoguera no un tribunal y ello al margen de la fundada percepción sobre la corrupción del antiguo régimen.  

Por supuesto que, en ese contexto, el debido proceso y sus formalidades ya son vistas, a estas alturas, como florituras de aquel pasado réprobo y condenable.

Lo inquietante es que ya muchas manos trabajan el tema Lozoya y veremos pronto que varias de estas caretas, esconden a verdaderos lobos y con intereses bastante concretos.

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