Las exequias del PRI

Mauricio Juárez*

El PRI se acerca a sus horas fúnebres. Disminuido a un porcentaje de un dígito en las encuestas, ese instituto político que gobernó por más de 70 años continuos, ahora ni siquiera cuenta con una dirigencia fuerte ni con arraigo entre la poca militancia que le queda.

Alejandro “Alito” Moreno llegó a la dirigencia nacional priista por un evidente acuerdo de los gobernadores de ese partido con el presidente López Obrador.

Una de las últimas piedras al ataúd priista, la echó el propio campechano, quien con un toque de autoritarismo y deseos de control total, impuso, a través del Consejo Político Nacional, cambios estatutarios que nada contentos dejó a los priistas.

En una reunión virtual realizada 4 de agosto, el CPN, dominado por afines al también llamado “AMLITO”, lo facultó para decidir las candidaturas a puestos de elección popular. A esto, por supuesto, se oponen quienes lo pusieron ahí: los gobernadores. Les quita el control del partido en sus estados.

No se conformó, decidió quitarle margen de negociación a los coordinadores parlamentarios y ser él quien decida el sentido del voto priista en el Congreso. En su afán de acercarse a Morena y a Palacio Nacional se autodesignó “legislador de facto”.

Alejandro Moreno

El PRI nunca ha sido un partido democrático, pero ahora quiere parecerse a la izquierda más retrógrada.

A menos de un año de las elecciones para renovar 15 gubernaturas, de las cuales ocho son priistas, el PRI seguramente perderá todas. Le quedarán únicamente cuatro mandatarios estatales. Sin duda, un partido en extinción.

El PRI tiene una bien ganada imagen de corrupto y ejemplo de ello son los exgobernadores que están en cárceles mexicanas y estadounidenses, y ahora los señalamientos de Emilio Lozoya contra Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, más los que se sumen en el proceso.

Derrotado en las urnas y con un futuro incierto política y electoralmente, el PRI en 2021 se pondrá del lado de la chiquillada.

Más les vale a las “figuras” visibles de ese partido (si es que las hay) trabajar para salvar el registro, no para recuperar el poder, porque eso parece imposible, pero, al menos, para no desaparecer en 2024.

*Maestro en periodismo y experto en comunicación

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