Dante Pinal.-
El partido Morena se mueve con facilidad gracias a las políticas asistencialistas impulsadas desde el actual gobierno, este estilo de gobernar se basa en la compra de voluntades a través de la entrega de dádivas que a mediano plazo generan votos.
En lo cuatro años del gobierno lopezobradorista se han enfocado principalmente a impulsar programas bajo el lema “primero los pobres”, en lugar de generar proyectos de crecimiento dedicados a mejorar el nivel de vida de la propia población.
Entre más pobres tenga el país, un mayor número de votos cautivos obtendrá el partido gobernante que se ha dedicado a comprar voluntades, sin importar que para ello dispongan de otros recursos destinados a rubros como la ciencia, investigación o la educación, por citar algunos.
Ejemplo claro es la pasada elección de consejeros morenistas, donde fluyó la compra de votos y el acarreo de personas quienes, en muchos casos, desconocían la verdadera razón por las que fueron llevados a emitir un voto incluso sin conocer a la personas o dirigente por las que debían emitir su sufragio.
La lucha permanente que tiene Morena es en contra de una clase media que lucha día a día por mantenerse y evitar su posible desaparición.
Esa clase media que ha sido atacada constantemente desde el Palacio Nacional y ha puesto una muralla, donde ha sido imposible que la ideología de la cuarta transformación pueda ser aceptada.
El partido Morena sabe que, de no tomar el control de los grupos sociales en la clase media, sus ideales transformadores se quedarán simplemente en el papel.

El gobierno lopezobradorista también está consiente del rechazo que la clase media tiene hacia su gobierno, es por ello que otra de las estrategias gubernamentales es la continua comparación de gobiernos, de lo que hicieron neoliberales en años y lo que tratan de hacer los pseudo transformadores como se hacen llamar.
La campaña del antes y después, simplemente ha dejado de tener eco entre la sociedad a quienes ya les cansó escuchar el mismo discurso de los culpable son ellos y los buenos somos nosotros.
Por eso es mejor que haya más pobres, pero el juego del Robín Hood mexicano, simplemente ya se acabó.
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