Dante Pinal.-
Completamente derrotado el antiguamente llamado “partidazo” se encuentra prácticamente cavando su tumba. Con una dirigencia desdibujada con más negativos que positivos, tiene que asumir la derrotada en 10 estados de la República en tan solo 12 meses.
A mitad del sexenio peñista el PRI se ufanaba de gobernar en 19 estados lo que representaba el 60 por ciento de la población. En 2018 inicia su estrepitosa caída, el PAN le arrebata Yucatán y Movimiento Ciudadano sale ganador en Jalisco.
Bajo la tutela de Alejandro Moreno, Alito, el Revolucionario Institucional va directamente a su tumba. Únicamente le queda lo que quizá representa los últimos bastiones priistas a nivel nacional: Estado de México y Coahuila.
La debacle electoral del PRI no se le debe atribuir únicamente a Alejandro Moreno, se debe responsabilizar a la camarilla de políticos que aun ordenaban en el Revolucionario Institucional en 2019 y que se empeñó en llevarlo a la dirigencia, haciendo a un lado a un político honesto y que quizá la historia del otrora partidazo sería otra: el doctor José Narro Robles.
El propio ex rector de la UNAM, acusaba de la simulación, los vicios y las prácticas de un grupo de personas indeseables que han encontrado en las filas de lo que queda del tricolor, el lugar idóneo en la toma de decisiones que en nada ayudaron al PRI.
Ahora “Alito” se considera el sepulturero del PRI, si acaso llegó a pensar que sería el abanderado del tricolor en las elecciones de 2024, esos deseos solo quedaran en el imaginario de las personas mas cercanas al líder derrotado.

¿Qué pasará con el priismo de la calle, que lleva muy adentro de su corazón las insignias del tricolor, aquellos a los que el gobierno peñista se olvidó y los hizo a un lado sin importar que gracias a sus votos rescataron la Presidencia de la República?
El destino es incierto, lo provechoso será presenciar el despertar de miles de priistas que no reconocen la dirigencia de “Alito” y esperan salir para echarle en cara las 10 dolorosas derrotas.
Difícil será para los priistas tratar de retener a una dirigencia perdedora y que ya entregó en tan solo 12 meses varios municipios, estados y diputaciones a Morena.
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