La democracia mexicana y su horizonte oscuro

Julián Andrade.-

El esbozo de reforma electoral, porque aún es eso, que planteó el presidente López Obrador es un viaje en el tiempo y su puerto de llegada no es democrático.  Es entrar en un territorio oscurantista y ajeno a los avances que el país sí ha tenido en las últimas décadas.

Es más, si en el pasado, el PRI o el PAN hubieran propuesto y aprobado algo semejante, López Obrador no sería presidente de la República, porque habría sido imposible el crecimiento, primero del PRD y luego de Morena, que con el tiempo hicieron posible su triunfo en 2018.

Hasta ahora sabemos que lo que se pretende, ya que no han ni escrito un documento de trabajo, desde Palacio Nacional, es terminar con los diputados y senadores plurinominales; elegir a los magistrados y consejeros electorales por voto directo, federalizar el INE y reducir en la mitad el financiamiento público de los partidos políticos.

Los diputados y senadores plurinominales no surgen de la nada. Es decir, responden a las propias votaciones y a sus porcentajes. Decir que nadie los eligió es una tontería.

Su figura de lo que se trata, es de corregir la sobre representación de la mayoría, que en muchas ocasiones es solo la minoría más grande. El implantar un esquema donde solo se eligen a quienes ganan en los distritos, omite las expresiones ciudadanas por otras fuerzas y en ocasiones de modo dramático. Si quien gana se lleva todo, se deja fuera a quienes de todas formas tienen presencia y fuerza, además de representar proyectos y diagnósticos que enriquecen la vida pública.  

Es más, lo correcto sería avanzar a esquemas de representación pura, los que reflejarían mejor el sentido del voto ciudadano, por medio de listas.

Terminar con los diputados y senadores plurinominales nos devolvería al tiempo del partido dominante.

Elegir a consejeros y magistrados electorales es ir a un territorio desconocido, en el que los partidos terminarían por imponerse, porque solo ellos tienen la operación nacional para hacerlo, pero además se rompería con el carácter técnico que debe imperar en esas instituciones.

La federalización del INE es volver al esquema anterior a las reformas del Pacto por México. Las atribuciones actuales responden a la exigencia de la entonces oposición, para evitar la intromisión de los gobernadores, quienes controlaban a los consejos estatales electorales. Quizá se están confundiendo los términos, y lo que se quiere es lo que ya se tiene.

El financiamiento público es un tema central y siempre sujeto a debates y reproches. Lo cierto es que ha permitido la construcción de partidos y la alternancia, además de haber atajado la utilización de recursos de procedencia ilícita.

Son momentos difíciles, pero la buena noticia es que a Morena y sus partidos satélites no les alcanza para modificar la Constitución y terminar con el modelo democrático que se ha construido con esfuerzos generacionales y por décadas.

La clave es que PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano resistan. Ni en la Cámara de diputados ni en el Senado le alcanza a la 4T para lograr sus propósitos. En San Lázaro les hacen falta 57 votos y en el pleno senatorial 10. Sí, apenas con las uñas, pero creo que todos saben lo que está en juego, que cada uno de ellos honrará el mandato que tienen con sus votantes.

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