PRD, navegar la tormenta

Julián Andrade.-

El PRD se transformará en un partido socialdemócrata. Ese es el acuerdo más relevante de su XVIII Congreso. Es un paso en el camino correcto, pero van a tener que explicarlo muy bien.

Al grueso de la gente le dice poco el concepto, aunque sea decisivo en el panorama político. Tendrán que dejar claro que es posible un proyecto de carácter social, comprometido con los sindicatos, los trabajadores, los intelectuales y los estudiantes, pero genuinamente democrático. Ahí es encuentra la diferencia más nítida ante las izquierdas radicales y los populismos autoritarios.

La izquierda en México ya intentó el evolucionar en el pasado y por esa ruta. Ese era uno de los ejes centrales de la construcción del Partido Mexicano Socialista (PMS), continuando los esfuerzos que se hicieron desde el Partido Socialista Unificado de México (PSUM).

Luego de las elecciones de 1988, las corrientes más importantes del PMS decidieron construir una nueva organización, entregando el registro político que provenía del Partido Comunista Mexicano y por eso surgió el PRD.

Fue una iniciativa generosa, pero nunca se hicieron cargo, desde la izquierda reformista, de los riesgos que podían correr en el camino de abrazar al nacionalismo revolucionario.

Llegaron al poder en diversos estados y se convirtieron en una fuerza política que influyó y decidió sobre los aspectos más relevantes de la vida política en los últimos 30 años, pero desde su interior ya se engendraba lo que menos querían, la restauración del PRI, porque eso es Morena en sus grandes trazos.

Los síntomas siempre estuvieron presentes y el más relevante, el caudillismo, que a fin de cuentas definió el destino del perredismo desde su fundación.

Bajo el liderazgo de Cuauhtémoc Cárdenas el horizonte parecía promisorio para una idea de país progresista y democrático y en gran medida así resultó, como puede apreciarse, por ejemplo, en el respaldo a las diversas reformas electorales que le quitaron al gobierno la organización y el control de lo que debe ser un derecho ciudadano, uno de los más importantes.

Pero después de 2012 todo empezó a descomponerse, o aún antes. Un dato: la mitad de quienes lo han presidido, y entre ellos el propio Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador, Pablo Gómez, Amalia García, Rosario Robles, por señalar algunos, han abandonado el partido.

En la actualidad están viviendo sus horas más difíciles, pero hay que reconocerle a Jesús Zambrano, la voluntad de tratar de que el barco no naufrague y sea un elemento que permita construir una alternativa para 2024.

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