De la vida judicial en la pandemia

Leonardo Báez Fuente.-

Jueves 10 de noviembre de 2021.

Me encontraba a las ocho de la mañana parado en Avenida Juárez haciendo fila para entrar al complejo de Plaza Juárez en la Ciudad de México, conjuntamente con más de doscientas personas que venían exactamente a lo mismo que yo: Acceder a los juzgados de lo familiar del Tribunal Superior de Justicia. Nos empezaron a dejar entrar alrededor de las 8:40 para formar la fila para ingresar al Edificio Clementina Gil de Lester, para después clasificarnos a las nueve de la mañana en las filas específicas para los pisos que íbamos a visitar, ya que está prohibida la libre circulación en el interior del mismo.

A las 9:15 pude entrar al edificio, previa toma de temperatura y aplicación de gel antibacterial, sólo para formarme de nuevo ahora en la fila para abordar los elevadores, mismos que teniendo capacidad para veinte personas, sólo permiten que los aborden seis, por ello las filas son larguísimas. Finalmente a las 9:25 pude llegar al juzgado que visité, en el cual tuve que volver a hacer fila para ingresar, lo que pude hacer a las 9:35 de la mañana.

Todo lo que les estoy narrando era manejado por no menos de veinte trabajadores del Tribunal, cuya única función durante todo el día hábil es arrear gente como ganado.

Al entrar al juzgado se me obligó a ponerme de nuevo gel antibacterial y recibir una atención indigna, no sólo por la ineficiencia, sino que existe la creencia dentro del personal que todos los que asistimos a los juzgados somos potenciales focos de contagio, siendo tratados peor que leprosos bíblicos con amenazas de ser expulsados por el personal de seguridad del edificio al menor conato de reclamo o enojo por el inmundo maltrato que se nos da. De las resoluciones que emiten los juzgados y demás instancias mejor ni comentarlas, suelen ser lamentables.

Enumerando, me pasé casi dos horas de esperas y cinco filas distintas para ver un trámite de diez minutos, mismo que antes de la pandemia, no excedía de media hora sí uno llegaba a la hora de mayor afluencia de personas en juzgados. En los edificios de Patriotismo es peor, dado que la unifila para abordar los elevadores puede llegar a ser de más de mil personas. La burocracia del Tribunal considera que esas aglomeraciones no causan contagios del virus, pero sí que se les moleste en sus labores usuales, mismas que por “protección a la salud” limitaron entre dos y tres veces por semana por alternar juzgados con números pares o nones, y haciendo los términos eternos ya que se deben contar como hábiles los días de atención a puerta abierta.

El Magistrado Rafael Guerra, Presidente del Tribunal, no ve esto porque no quiere verlo. Él vive por su gusto de hacer relaciones públicas y promover la corrección política en vez de resolver el problema del brutal rezago judicial que sufre la Ciudad. Los justiciables somos rehenes de su soviética negligencia.

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