Todo va bien, solo no hay dinero


Rubén Cortés.-

Con la reducción de la clase media en seis millones de personas y el aumento de los pobres en cuatro millones, este gobierno cumplió un objetivo del castrochavismo: incrementar el numero del padrón electoral que dependa del Estado.

Sin embargo, ahora tiene que alimentarlos para asegurar su voto, por lo cual está obligado a aumentar la planta de trabajadores del Estado. Y ahí está el problema: este es un gobierno quebrado, que tendrá el peor PIB desde el sexenio 1982-88.

Chávez lo consiguió cuando despidió a 17 mil 871 técnicos de alto desempeño de PDVSA y los sustituyó con gente de la calle. Hundió al país, pero tuvo votos, porque los podía pagar: el barril de petróleo se vendía en 110 dólares.

Aquel fue el nacimiento de la actual dictadura venezolana: los 17 mil 871 altos gerentes y técnicos de alto desempeño se fueron del país, y sus sustitutos se convirtieron en base electoral: su salario dependía de Chávez.

Chávez pudo inflar la planta de trabajadores del Estado porque nadaba en lana. En cambio, la economía mexicana todavía no alcanza el nivel de antes de la pandemia, que era un desastre: menos 8.5 por ciento. O sea, que ni a aquel desastre llega aún.

Por eso, a la autollamada “Cuarta Transformación” le urge renacionalizar la industria eléctrica: para ensanchar la planta de trabajadores que dependan del Estado y no de empresarios privados.

Es cierto que ya avanzó un buen trecho, al cancelar el aeropuerto de Texcoco, que construían particulares con mano de obra civil pagada por privados; y empezar el de Santa Lucía, que construyen militares con mano de obra militar pagada por el Estado.

Tan sólo la construcción del aeropuerto de Texcoco generaría 160 mil nuevos empleos. Sólo que aquellos empleados (la mayoría pobladores de comunidades aledañas) serían independientes a la hora de votar en las elecciones: no le debían su chamba a nadie.

Ahora, parte de los votantes cautivos de la autollamada “Cuarta Transformación” son los militares, pues ésta los hizo dueños y operadores de las ganancias que generen del Tren Maya y los aeropuertos de Santa Lucía, Palenque, Chetumal y Tulum.

Con el cuento de que los militares administren los proyectos de infraestructura estratégicos del país, porque no confía en la administración de civiles, el gobierno actual lo que está haciendo es asegurarse el voto de los soldados y de sus familiares.

Pero el voto de los militares y de actuales beneficiarios de programas sociales no bastan para ganar. Por eso bajó de la clase media a 6.3 millones y fabricó cuatro millones de pobres. El asunto está ahora en conseguirles fuentes donde mamen baro.

Y ahí está el detalle.

Se acabaron las fuentes.

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