Rosario Robles, rehén del poder y del pasado

Julián Andrade.-

Rosario Robles tendrá que enfrentar su proceso en prisión, aunque la ley le permite que lo haga con otras medidas cautelares como las del arresto domiciliario.

El argumento central del juez Ganther Alejandro Villar es que la ex secretaria de Desarrollo Social del gobierno de Enrique Peña Nieto se puede dar a la fuga.

Es absurdo pensar eso a estas alturas. Robles no tiene ningún incentivo para huir. No cuenta con el respaldo político, ya que la mayoría de sus colegas la dejaron sola y hasta donde sabemos la autoridad no ha encontrado cuentas bancarias que indiquen que tenga recursos suficientes para hacerlo.

Ignoro el nivel de presiones a las que estuvo sujeto el juez, pero las que ocurren día a día y de manera pública son evidentes y seguramente lo hicieron intuir que lo mejor era no contrariar a la 4T.

A estas alturas es menos costoso romper con el garantismo judicial, que ser linchado en la arena pública. Este tipo de actitudes están haciendo mucho daño y se reflejarán en el futuro, pero en el espanto que se viven muchos juzgadores, el corto plazo parece un refugio.

Insisto, Robles solo solicitaba algo a lo que tiene derecho. No estaba en juego su libertad, sino la manera en que se enfrentar un proceso por delitos que no están catalogados como graves.

Robles, conviene tenerlo presente, está acusada de omisiones, al no actuar sobre los supuestos desfalcos de la llamada Estafa Maestra. Es decir, no está en la cárcel por enriquecimiento ilícito o por robo de recursos públicos. Esto debiera importar.

Mantenerla en la cárcel es una injustica que huele a venganza. Robles es rehén de historias que son anteriores a las de su paso por la administración de Peña Nieto y hay que buscarlas en su paso por la presidencia del PRD y por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

A Robles no le perdonan ser artífice del triunfo de López Obrador en 2000. Sin ella operando y fuerte, habría ganado el PAN y su candidato Santiago Creel.  Hay temperamentos que no permiten más que una luz y una voz. Es una paradoja, por supuesto, pero más común de lo que se puede pensar.

A esto hay que sumar, por supuesto, toda la trama de los vídeo escándalos, que mostraron conductas vergonzosas y corruptas de operadores de la izquierda. De ello también la culpan. Así de cruel y absurda puede ser la política.

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