De política y administración

Leonardo Báez Fuente.-

“Poca política y mucha administración”, es una de las frases que más horror causa de la era del porfiriato, puesto que sí algo caracterizó al México decimonónico fue el exceso de políticos y la total y absoluta carencia de un sentido de administración pública. Se hacían múltiples contubernios políticos, pero la diaria gobernanza brillaba por su ausencia. La idea de anular a los politicastros y sustituirlos por administradores eficaces aún les escuece en lo más profundo de su ser.

El primer intento de imponer una estructura coherente de gobierno en México inició con la Reforma, misma que nunca ha sido valorada por lo que de verdad fue: El establecimiento de normas de carácter fiscal y administrativo en donde el gobierno laico asumió las labores que la Iglesia mexicana venía llevando a cabo en razón del Patronato Real español, que se prolongó hasta la independencia.

Los resultados de las primeras etapas de la Reforma fueron desastrosos, dado que los paniaguados liberales se dedicaron en los primeros años de vigencia de las famosas leyes a saquear con alegría digna de mejor causa todo el patrimonio eclesiástico nacional. Desaparecieron obras de arte, metales preciosos y joyería y todo el patrimonio inmobiliario cayó en manos de la naciente clase latifundista liberal, quienes a precios de remate, muy poco o nada pagaron para apropiarse de millones de hectáreas y miles de inmuebles, mismos que fueron el núcleo de las denostadas haciendas porfirianas.

Ahora bien, los treinta años efectivos del gobierno de Díaz, crearon la certeza de que el exceso de política había sido, como lo fue, la causa del caos que fueron los primeros sesenta años de vida de México como país independiente, lo que fue siempre sostenido por el mismo Díaz, lo que causó que los políticos y grilleros fueran inexorablemente apartados del gobierno para ser sustituidos por administradores civiles y militares mucho más competentes que las hornadas de politicastros que asolaron al país.

Foto de Javier Cruz en Pexels.com

La Guerra Civil de 1910 a 1930 trastocó la situación de la gobernanza porfiriana al darle entrada al gobierno a infinidad de politicastros que integraron posteriormente al PRI, sus adláteres y descendientes, (entre ellos Morena), mismos que apoyados por bandidos disfrazados de generales instauraron en México la inmunda política que nos desgobierna desde esas épocas. La extorsión y la administración de la misma como forma de gobierno, ha sido el tenor del país desde el triunfo de los callistas y su obsesión parasitaria de incrustarse y sangrar a toda actividad productiva como sí de su propiedad fuera, impidiendo con reglas por demás oscuras e imprecisas que el ciudadano se los pueda quitar de encima.

La obsesión patrimonialista de los políticos mexicanos trajo como como consecuencia que el gobierno mexicano haya tomado el control de todo aspecto empresarial  que pudo y lo quebrara por su pésimo manejo. Hoy seguimos pagando las consecuencias de ello los ciudadanos paga impuestos ya que los politicastros en turno jamás asumirán la responsabilidad de sus actos y serán felices..

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