El exilio de Ricardo Anaya

Julián Andrade.-

Ricardo Anaya se fue del país. Sostiene que el presidente López Obrador lo quiere en prisión y que la Fiscalía General de la República (FGR) ya prepara su detención.

Es muy grave lo que dice, porque implicaría una persecución política y significará un antecedente nada promisorio para el futuro. El poder político, en democracia, se debe ganar y  perder en las urnas.

El que Anaya parta a una suerte de exilio, porque en eso se puede convertir, debe alarmar a los demócratas.  ¿A dónde iremos a llegar por esa ruta? No lo sabemos, pero no es difícil intuir que será a escenarios todavía más polarizados.

El presidente López Obrador dice que lo suyo no es la venganza. Es un momento inmejorable para demostrarlo, impidiendo que se haga un uso faccioso de la institución encargada de procurar justicia.

El argumento del que nada debe nada tiene que temer, es falaz y más aún un un contexto como el que vivimos, donde la displicencia con los amigos es evidente, y con los adversarios suele ser contundente.

El propio López Obrador sabe lo que representa la utilización de los fiscales para destruir carreras políticas. A él también intentaron sacarlo de la contienda de 2006.

Anaya, el ex candidato presidencial del PAN, no es la primera vez que enfrenta una situación como esta. En 2018, la entonces Procuraduría General de la República (PGR) hizo todo lo posible descarrilar su campaña.

El presidente Enrique Pena Nieto, y su equipo más cercano, llagaron a la conclusión de que el adversario a vencer, para ellos, era el panista. Por eso lo acusaron de lavado de dinero e enriquecimiento ilícito por la venta de unas bodegas, Todo se aclaró, pero el  daño ya estaba hecho.

¿Se equivocó Peña Nieto? Es probable si asumimos la lógica de la legalidad en democracia, pero no lo sería si todo apunta a que buscaba impunidad, un retiro sin contratiempos, aunque fuera atado a un desprestigio que se profundiza con el paso de los años. 

Ricardo Anaya, ex candidato presidencial del PAN

Ricardo Anaya, en esta ocasión, está enfrentando las acusaciones de Emilio Lozoya, el ex director de Pemex, que se encuentra negociando con la FGR para no terminar tras las rejas. 

Todo lo que viene de Lozoya es sospechoso, porque los chismes que esparce y el daño que causa es lo que lo mantienen en libertad, vigilada y acotada, pero libertad al fin.

Anaya difundió un vídeo en el que dice que se defenderá y probará que las acusaciones son fabricadas y que todo es una venganza. Lo hará probablemente desde Estados Unidos, donde es muy difícil que se proceda en su contra y menos con los estándares que éxito con que cuenta la fiscalía desde que la comanda Alejandro Gertz Manero.

 El 2024 ya se dibuja en el horizonte y con él vienen tempestades de gran calado, nubarrones inquietantes.

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